En abril de 1999, en el transcurso de tres días, la tranquilidad de las comunidades rurales de Ríociego, Arenal Medio, Las Delicias y Caño Seco, en el municipio chocoano de Riosucio, se vio interrumpida por hechos del conflicto armado. En aquel momento, varios hombres de la región fueron apartados de sus hogares y de sus seres queridos, comenzando una larga ausencia que marcó el territorio y sembró una incertidumbre que se prolongó por más de dos décadas en el seno de sus hogares.
Frente al silencio prolongado, la hermandad de la comunidad se mantuvo intacta y, en el año 2020, las familias decidieron unirse para hacer una solicitud colectiva de búsqueda. Este esfuerzo ciudadano fue impulsado desde la Asociación Memoria Canto a mis Ancestros, junto al apoyo continuo de instituciones como Proclade Colven, el acompañamiento de la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Riosucio y el respaldo de las autoridades étnico-territoriales del Consejo Comunitario Mayor de la Cuenca del Río Salaquí, quienes abrieron las puertas y guiaron el proceso hasta la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD).
Atendiendo a este llamado y tras un proceso de investigación humanitaria arduo, la UBPD desarrolló, en enero de 2024, la primera misión de recuperación y prospección en la cuenca del río Salaquí. Llegar hasta este punto de la geografía del Chocó representó un desafío debido a las condiciones de acceso, pues se trata de un territorio biodiverso y apartado de los centros urbanos y que exige el uso coordinado de diferentes medios de transporte. En esa primera intervención en el terreno, el equipo técnico logró la recuperación de nueve cuerpos que correspondían a las personas desaparecidas en los acontecimientos de 1999 y un cuerpo más de una persona desaparecida en otro evento en el marco del conflicto armado.
Debido al paso del tiempo y a las condiciones ambientales de la zona, la mayoría de los cuerpos recuperados presentaba un desgaste natural significativo. Por este motivo, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses inició un estudio detallado y una labor de identificación que se extendió durante dos años. La constancia de estos análisis científicos permitió establecer, con plena certeza, la identidad de cinco de las diez personas recuperadas.

El resultado de todo este esfuerzo colectivo se materializó en junio de 2026, en el sector urbano del municipio de Riosucio, donde se llevaron a cabo cinco entregas dignas. Los cuerpos entregados de manera digna a sus familias corresponden a quienes en vida respondían a los nombres de Floriberto Hurtado Córdoba, Jorge Eliécer Correa Babilonia, Jesús María Arias Quiroz, Alejandro Betancourt Martínez y Víctor Olegario Girón Córdoba. Esta entrega colectiva y culturalmente pertinente fue un espacio de dignificación, reconciliación y homenaje en la que participaron los familiares directos de las personas desaparecidas, así como los habitantes del municipio, quienes entendieron que al haber compartido el dolor de la espera, debían compartir también el alivio de la despedida.
Las jornadas de homenaje comenzaron el primer día con un proceso de acompañamiento psicosocial con el apoyo de la Unidad para las Víctimas, orientado a preparar y sostener el entorno familiar. Al caer la noche, la comunidad se reunió en torno a los cantos tradicionales del territorio, donde los alabaos y las tonadas locales sirvieron para honrar la memoria de los fallecidos. Estas mismas expresiones musicales acompañaron los actos religiosos del día siguiente durante la eucaristía, mientras que en el atrio de la iglesia se dispuso una revelación simbólica que permitió a los vecinos y allegados expresar sus muestras de respeto y afecto.

La última fase de este encuentro humanitario se extendió hasta finales de la noche debido al traslado y las ceremonias de sepultura en distintos lugares elegidos por sus seres queridos. En el cementerio principal de Riosucio fueron inhumados los cuerpos de Alejandro y de Víctor. Posteriormente, el equipo de la Unidad de Búsqueda acompañó a otras dos familias hacia el municipio de Belén de Bajirá, también en el Chocó, donde se realizó la inhumación de Jesús María y de Jorge Eliécer, quienes pertenecían a un mismo núcleo familiar. Finalmente, el recorrido continuó hacia el municipio de Apartadó, en Antioquia, para proceder con la sepultura del quinto cuerpo, el de Floriberto.
Aunque las familias se encuentran asentadas en diferentes lugares y los sepelios se realizaron en distintos cementerios, todos coincidieron en el deseo de realizar los homenajes iniciales de forma conjunta en Riosucio, cerrando el ciclo tal como inició: en la misma colectividad donde comenzó su búsqueda.
Recientemente, la Unidad de Búsqueda llevó a cabo una tercera intervención en la cuenca del río Salaquí donde recuperó 3 cuerpos de personas desaparecidas. De estos, uno tiene identidad orientada.

La UBPD reafirma su compromiso con la búsqueda humanitaria, con el rigor técnico y con el derecho de las familias a saber la verdad y recuperar dignamente los cuerpos de sus seres queridos, incluso en los territorios más apartados y golpeados por la violencia. Este tipo de restituciones contribuyen a aliviar el sufrimiento de las familias y a restaurar, en parte, la verdad y la memoria histórica. Por eso, la entidad invita a todas las personas que tengan familiares desaparecidos o dispongan de información que permita encontrar a una persona desaparecida a comunicarse a la línea telefónica de la Unidad de Búsqueda en Urabá, Bajo Atrato y el Darién: 3162842561.