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Palmira | Valle del Cauca

26 | junio | 2026

El hijo de doña Omaira fue encontrado por la Unidad de Búsqueda: estaba en el cementerio de Palmira

Víctor tendría hoy 32 años si la guerra no se lo hubiese arrebatado a doña Omaira en Magüi Payán, en Nariño. Apenas tenía 21 cuando lo vio por última vez. Víctor forma parte de la enorme lista de jóvenes que, por diversas circunstancias, terminaron integrando grupos armados no estatales en la zona del Pacífico caucano; muchos de ellos murieron producto de enfrentamientos con la fuerza pública y fueron dispuestos en diferentes cementerios de la región por autoridades estatales. 
El cementerio de Palmira es uno de los camposantos del Valle del Cauca de mayor interés en la región para la búsqueda de los desaparecidos en contexto de conflicto armado.
Imagen: Comunicaciones UBPD

Víctor tendría hoy 32 años si la guerra no se lo hubiese arrebatado a doña Omaira en Magüi Payán, en Nariño. Apenas tenía 21 cuando lo vio por última vez. Víctor forma parte de la enorme lista de jóvenes que, por diversas circunstancias, terminaron integrando grupos armados no estatales en la zona del Pacífico caucano; muchos de ellos murieron producto de enfrentamientos con la fuerza pública y fueron dispuestos en diferentes cementerios de la región por autoridades estatales. 

Víctor fue inhumado por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses en una bóveda del cementerio municipal de Palmira, en el Valle del Cauca, y rotulado inicialmente como ‘Cuerpo No Identificado’, una denominación que se asigna a las personas fallecidas que no tienen información suficiente para tener una identidad verificable.

Víctor tendría hoy 32 años si la guerra no se lo hubiese arrebatado a doña Omaira en Magüi Payán, en Nariño. Apenas tenía 21 cuando lo vio por última vez. Víctor forma parte de la enorme lista de jóvenes que, por diversas circunstancias, terminaron integrando grupos armados no estatales en la zona del Pacífico caucano; muchos de ellos murieron producto de enfrentamientos con la fuerza pública y fueron dispuestos en diferentes cementerios de la región por autoridades estatales. 
Foto: Comunicaciones UBPD

Estos casos son de especial interés para la Unidad de Búsqueda en el Valle del Cauca, dado que responden a un patrón de coincidencia entre hechos violentos en contexto del conflicto armado y cuerpos sin identidad ingresados en las diferentes morgues aledañas a los cementerios municipales.

Para determinar dónde estaba y a quién correspondía el cuerpo, las investigadoras y antropólogas de la Unidad de Búsqueda analizaron varios elementos. El primero fueron los datos aportados por firmantes de paz, miembros de la Corporación Humanitaria Reencuentros que, además de identificarlo como miembro del grupo armado, confirmaron que Víctor murió en medio de las hostilidades en 2015. Un dato relevante en la recuperación de las estructuras óseas llamó la atención de las investigadoras y los antropólogos forenses: una manilla con el nombre ‘Gustavo’ acompañaba el cuerpo, lo cual hacía referencia a su nombre en la clandestinidad.

Posteriormente, esta información se contrastó con los documentos de las necropsias, ratificando que el cuerpo encontrado había sido trasladado a Cali y reposaba en el cementerio municipal de Palmira. Durante 2024 y 2025, el equipo de la Unidad de Búsqueda en el Valle del Cauca intervino este camposanto en busca de personas desaparecidas en el contexto del conflicto armado.

Víctor tendría hoy 32 años si la guerra no se lo hubiese arrebatado a doña Omaira en Magüi Payán, en Nariño. Apenas tenía 21 cuando lo vio por última vez. Víctor forma parte de la enorme lista de jóvenes que, por diversas circunstancias, terminaron integrando grupos armados no estatales en la zona del Pacífico caucano; muchos de ellos murieron producto de enfrentamientos con la fuerza pública y fueron dispuestos en diferentes cementerios de la región por autoridades estatales. 
Foto: Comunicaciones UBPD

Todo este cúmulo de pistas se contrastó con informes de medios de comunicación nacionales, locales y regionales que habían ingresado varios cuerpos a Medicina Legal en Cali en 2015, en contexto de conflicto armado; muchos sin identificar, entre ellos estaba Víctor.

Los datos sumados encajaban cada vez más con la solicitud de búsqueda de doña Omaira, quien aguardaba con esperanza encontrar a su hijo. Hace más de una década, ella recibió una llamada anónima que le informaba sobre la muerte del tercero de sus cinco hijos. Aunque rezaba porque fuera mentira, la incertidumbre sobre su paradero la persiguió durante años.

Finalmente, una prueba genética ratificó que la probabilidad de parentesco entre la señora Omaira y el cuerpo encontrado es un billón de veces superior a la de cualquier otra persona, reuniendo los elementos necesarios para identificar a Víctor. Solo restaba la entrega digna. Desde una manilla hasta un reporte periodístico, todo sirvió para dar alivio a la búsqueda incesante de una madre.

Víctor tendría hoy 32 años si la guerra no se lo hubiese arrebatado a doña Omaira en Magüi Payán, en Nariño. Apenas tenía 21 cuando lo vio por última vez. Víctor forma parte de la enorme lista de jóvenes que, por diversas circunstancias, terminaron integrando grupos armados no estatales en la zona del Pacífico caucano; muchos de ellos murieron producto de enfrentamientos con la fuerza pública y fueron dispuestos en diferentes cementerios de la región por autoridades estatales. 
Foto: Comunicaciones UBPD

Víctor fue recibido por familiares y amigos en un acto solemne, acompañado por miembros del equipo de la Unidad de Búsqueda, quienes explicaron lo sucedido y dispusieron su cuerpo en el ‘Patio de la memoria: nos juntamos para encontrarles, solo desaparece quien se olvida’, en Palmira. Como doña Omaira, muchas personas —por lo general, madres— buscan a sus seres queridos en el Valle del Cauca. Más de 8.600 personas dadas por desaparecidas componen el universo de casos en este departamento, que se ubica como el tercero a nivel nacional con mayores registros.

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