La Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD), a través de su equipo en Risaralda, realizó la entrega digna del cuerpo de Cruz Arcángel Villada Muñoz, desaparecido hace casi de tres décadas en el departamento.
«La última vez que lo vi fue cuando nuestro hijo tenía 15 días de nacido. Ese jueves fuimos a registrarlo. El lunes siguiente, a las dos de la tarde, se lo llevaron de la finca. Nunca más supimos de él», cuenta Nilvia Janteh Montoya, persona buscadora y pareja de Cruz Ángel. Su desaparición ocurrió en agosto de 1998. Sin embargo, se presume que su muerte se dio en el año 2000. Con el paso de los años, la familia debió enfrentar no solo su ausencia, sino también el miedo y el desplazamiento forzado producto de la búsqueda.
Nilvia y su hijo se vieron obligados a esconderse y a moverse entre ciudades y municipios como Pereira, Manizales, Riosucio y Anserma para protegerse ante el temor de represalias de grupos armados presentes en la zona. Sandra García Calvo, hermana de crianza de Nilvia, expresa que: «No queríamos encontrarlo en esas circunstancias, porque nosotros inclusive lo veíamos en los reflejos. Perseguíamos, inclusive, a personas en la calle pensando que era él y no era así».
De acuerdo con Juliana Damelines, investigadora transversal del equipo de la Unidad de Búsqueda en Risaralda, el caso de Villada Muñoz representa un hito para la entidad en la región ya que fue uno de los primeros hallazgos a campo abierto en condiciones geográficas extremas, lo que exigió un despliegue logístico complejo para acceder a la zona. «No solo implicó un gran esfuerzo logístico, sino un ejercicio investigativo riguroso que articuló cartografía social, recopilación de testimonios y diálogo comunitario. Fue un trabajo de hormiga, en el que cada aportante de información fue una pieza clave para armar el rompecabezas».

En mayo de 2024, con el fin de dar con la ubicación exacta del lugar de inhumación de Cruz Arcángel, se propiciaron diferentes espacios colectivos con un grupo variado de personas entre familiares, pobladores y excombatientes, con el acompañamiento de la Corporación Humanitaria Reencuentros, que permitieron contrastar memorias y reconstruir los hechos ocurridos en torno a la desaparición, lo que resultó en la ubicación del sitio de interés forense seis meses después.
La participación de los aportantes de información, de la comunidad y de la familia fue vital para ir hilando pistas y reduciendo el margen de error en la ubicación del sitio de inhumación. Su cuerpo fue hallado en diciembre de 2024 entre una tupida selva en el límite entre Risaralda y Chocó, lo que significó que cada desplazamiento tanto para la localización como para la recuperación implicara una logística específica y robusta para terrenos donde solo se puede acceder caminando un largo trayecto y bajo condiciones de altas temperaturas, altas tasas de humedad y que fueron características locales de especial desgaste para quienes no pertenecían a ese territorio.

Nilvia se manifestó sobre el proceso de búsqueda. «Va una escuchando comentarios de la gente, mire que hay una Unidad de Búsqueda, que hacen este proceso y todo eso. Entonces ahí fue donde empezamos a hacer la gestión. Hasta que nos dijeron que sí, que claro, que se podía y empezamos. Sí, fue una espera, pero para nosotros en este momento es como una alegría con tristeza, al menos ya lo tenemos acá con nosotros».
La entrega digna de Cruz Arcángel Villada Muñoz, quien ahora reposa en el cementerio de Quinchía, en Risaralda, no es un punto final, sino un eslabón más en la cadena de búsqueda humanitaria que adelanta la Unidad de Búsqueda en el Eje Cafetero. La entidad reitera su compromiso con las familias, su tranquilidad, y con el trabajo de la mano con las comunidades para localizar a las personas desaparecidas y devolverlas a sus hogares.