Se dice que los hombres trans no son visibles, cuando en realidad han sido borrados y desaparecidos de la historia. Durante mucho tiempo, la desaparición de personas LGBTIQ+ quedó oculta entre el silencio, los prejuicios y la discriminación. En muchos casos, sus identidades fueron negadas incluso después de desaparecer, lo que dificultó no solo que sus familias encontraran respuestas, sino también que sus vidas fueran reconocidas con dignidad.
En Colombia, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) tiene registradas al menos 51 personas LGBTIQ+ reportadas como desaparecidas en el contexto del conflicto armado, de las cuales 13 son personas trans y casi todas las solicitudes de búsqueda de personas trans son de mujeres trans.
Por eso, es importante iluminar el camino de la búsqueda de hombres trans desaparecidos en el país. Aunque esta cifra representa un avance en el reconocimiento de estas afectaciones, también evidencia que aún existen enormes desafíos para comprender el impacto que la desaparición tuvo sobre esta población.
Con esa convicción, el equipo de la UBPD en Bogotá, Cundinamarca y Amazonas y la Subdirección Técnica Forense y la Subdirección Técnica de Participación y Enfoques Diferenciales de la entidad han trabajado de manera articulada para avanzar en un caso que podría convertirse en un referente para la búsqueda de personas trans desaparecidas en Colombia.
La búsqueda de Brayan Ernesto
«Mi mayor miedo es que me maten por ser trans y que luego me corten el pelo, me vistan como hombre y me pongan una lápida con un nombre que no es el mío». Estas palabras de Matilda González, profesional de la Subdirección Técnica de Participación y Enfoques Diferenciales de la UBPD, ilustran una dolorosa realidad que se ha venido transformando lentamente en Colombia: la falta de sensibilidad en el trato post mortem hacia las personas trans. La lucha de toda una vida invalidada por trámites administrativos después de la muerte que ignoran la dignidad y la identidad de una persona.
Esta brecha institucional también obstaculiza la búsqueda de personas trans desaparecidas. Un caso que ejemplifica esta situación es el de Brayan Ernesto: durante años, en los registros administrativos de un cementerio en Bogotá, figuraba bajo un nombre femenino y era catalogado como mujer. Esto ocurrió a pesar de que Brayan era un hombre trans. Aunque su cuerpo fue hallado con prendas y una expresión de género masculina, la ausencia de un enfoque de género en los procedimientos forenses impidió reconocer su identidad, lo que retrasó durante mucho tiempo la posibilidad de conectar su caso con su historia real.
Brayan Ernesto fue uno de los muchos jóvenes que un día no regresaron a casa. Su búsqueda comenzó a fortalecerse en 2025, cuando la articulación entre la Unidad de Búsqueda y el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses permitió reunir información que había permanecido dispersa durante años. A partir de ese trabajo conjunto fue posible localizar a integrantes de la familia de Brayan, reconstruir aspectos de su historia de vida y recopilar nuevos elementos para avanzar en su búsqueda.
Entre esos aportes estuvo una fotografía que su prima Tatiana había conservado durante años, en la que era evidente que era tenía la expresión de género de un hombre: apariencia física, vestimenta, peinados y accesorios. La imagen permitió identificar características que luego fueron comparadas con otros registros disponibles, convirtiéndose en una pieza clave para fortalecer la hipótesis de identidad. Cuando el género con el que se identifica o expresa una persona no corresponde con el sexo que se le asignó registralmente, se abre la hipótesis de identidad trans.

Brayan Ernesto desapareció en Medellín en 1997. Según el relato de su familia, fue visto por última vez cuando varias personas se lo llevaron del lugar donde se encontraba. Desde entonces nadie volvió a saber de él. Hoy, casi tres décadas después, es Tatiana quien continúa impulsando su búsqueda.
Fue durante un recorrido de La Ruta Buscadora en el municipio de Villamaría, en Caldas, cuando Tatiana encontró un espacio para compartir la historia de su primo con la UBPD. Allí formalizó la solicitud de búsqueda y comenzó un proceso de acompañamiento que permitió reconstruir información fundamental para avanzar en el caso.
Ana Rodríguez, líder de esta estrategia itinerante, recuerda ese encuentro: «Cuatro mujeres integraban el equipo de atención de La Ruta Buscadora en 2025. Ellas estuvieron con Tatiana, escuchándola cuidadosamente y, aunque no fue posible realizar la toma de muestra biológica por el tipo de parentesco, se le brindó toda la atención posible para garantizar su derecho a la búsqueda con enfoque de género. También, se registró el nombre identitario de Brayan, con el fin de garantizar el derecho a la identidad de género».
Desde entonces, la vida de Brayan comenzó a reconstruirse a partir del trabajo conjunto entre su familia y la UBPD, con un propósito claro: avanzar en su búsqueda reconociendo plenamente su historia y respetando su identidad.

La reconstrucción de su historia
Con la información aportada por la familia, los registros institucionales y el trabajo investigativo adelantado por distintos equipos de la UBPD, comenzó a construirse una hipótesis sobre el posible lugar donde habría sido inhumada la persona que podría corresponder al cuerpo de Brayan. Los registros de inhumación del Cementerio del Sur, en Bogotá, fueron analizados junto con la información recopilada durante la investigación humanitaria. Poco a poco, los datos empezaron a coincidir y permitieron orientar una nueva fase de la búsqueda hacia una bóveda colectiva del cementerio.
Fue allí donde los equipos forenses adelantaron una prospección para recuperar el cuerpo de interés y continuar con el proceso de verificación de la información. Más que buscar respuestas inmediatas, el propósito era contrastar cuidadosamente cada elemento disponible para establecer si la hipótesis construida durante meses de trabajo podía sostenerse.
Durante esa labor fueron apareciendo coincidencias entre la información histórica del caso y los hallazgos encontrados. La documentación médica existente, los registros de la necropsia realizada en 1998, la fotografía entregada por la familia y otros elementos recopilados durante la investigación comenzaron a dialogar entre sí. Cada uno aportó una pieza para reconstruir la historia de una persona cuya identidad había permanecido oculta durante casi tres décadas.
Aunque estos hallazgos fortalecen la hipótesis de identidad, el proceso aún continúa. Serán los análisis especializados los que permitan establecer si existe una correspondencia definitiva entre toda la información recopilada y la persona que hoy busca la UBPD. Para Carolina Daza, antropóloga del equipo de la UBPD para Bogotá, Cundinamarca y Amazonas, este caso demuestra que la búsqueda es el resultado de un trabajo colectivo en el que convergen la investigación, la prospección y el diálogo permanente con las familias. «Ningún hallazgo ocurre por casualidad. Detrás de cada avance hay meses de investigación, revisión documental, trabajo en territorio y articulación entre distintos equipos. Todo ese esfuerzo tiene un mismo propósito: acercarnos a la verdad que esperan las familias».

La prospección realizada en el Cementerio del Sur hace parte de la quinta fase de intervención que la UBPD desarrolla en este lugar, considerado uno de los sitios de interés más importantes para la búsqueda humanitaria en Bogotá. Allí, los equipos han venido adelantando un trabajo sistemático para recuperar información que permita avanzar en la identificación de personas dadas por desaparecidas. Sin embargo, este caso tiene un significado que trasciende el resultado de una posible identificación.
«Todas las personas que fueron desaparecidas son importantes, son dignas de duelo. Las vidas de las personas LGBTIQ+ son igual de importantes que las otras», afirma Matilda González. Para ella, uno de los mayores retos ha sido comprender que la discriminación también dejó huellas en la búsqueda. «Muchas personas trans fueron perseguidas sistemáticamente toda su vida por ser quienes eran. Por eso es importante que la búsqueda tenga en cuenta que que en el conflicto armado las desapariciones también fueron motivadas por el prejuicio y el odio; y que las acciones humanitarias se hagan desde lo opuesto: la dignidad humana, el reconocimiento de la diversidad y desde el amor que el mundo nos ha negado«.
Ese es el propósito de la estrategia de Búsqueda Igualitaria de la UBPD: incorporar el enfoque diferencial en cada etapa del proceso. Esto implica reconocer las trayectorias de vida de las personas desaparecidas, sus familias consanguíneas y sociales, sus redes de apoyo y los espacios donde construyeron su identidad, para que, en caso de una identificación, esta también sea respetada y reconocida con dignidad.

En esta intervención, además, la UBPD contó con el acompañamiento de Caribe Afirmativo, corporación que desde hace varios años hace veeduría a procesos de búsqueda desde una perspectiva de derechos humanos y enfoque diferencial. Para Mary Pulido, integrante de la organización, estos espacios también representan una oportunidad para reconocer el papel que históricamente han desempeñado las familias sociales y las redes comunitarias de las personas LGBTIQ+ en la búsqueda de sus seres queridos. «Es una deuda histórica con las personas LGBTIQ+ que han sido desaparecidas, asesinadas y violentadas sistemáticamente».
Si la hipótesis de identidad llega a confirmarse, este proceso podría convertirse en un referente para la búsqueda de personas trans desaparecidas en Colombia.