Subiendo hacia la cordillera, a unos 100 kilómetros de Tumaco, en Nariño, sobre un costado de la vía Panamericana se encuentra Altaquer, corregimiento del municipio de Barbacoas. Allí, como en otros territorios del Pacífico Nariñense, el conflicto armado dejó recuerdos que, más de dos décadas después, comienzan a convertirse en pistas para encontrar a quienes desaparecieron.
Uno de esos recuerdos permanece en la memoria de Plutarco*. Durante buena parte de su vida se había dedicado a la ebanistería y la carpintería. En medio del conflicto terminó integrando un grupo armado con presencia en la zona y, años después, se acogió al Acuerdo de Paz.

Plutarco recuerda una tarde de marzo de 2001. El sol comenzaba a ocultarse cuando hombres armados llegaron hasta su taller. «Necesitamos que nos apoye haciendo unos cajones para unos compañeros caídos», le dijeron. Con ayuda de un familiar trabajó hasta cerca de la medianoche, cuando cinco ataúdes, hechos con tablas sin cepillar, estuvieron terminados.
Después tuvo que ayudar a sepultar los cuerpos en el cementerio de Altaquer. Sobre cada sitio quedó una placa de concreto para reconocer su ubicación. Con los años, cinco bóvedas fueron construidas sobre estos lugares. Pero Plutarco no olvidó dónde estaban, y más de dos décadas después, ese recuerdo se convirtió en información para la búsqueda, aporte que permitió reconstruir lo ocurrido para orientar la intervención de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD). Tras un proceso de concertación con las familias involucradas y la junta administradora del cementerio, fue posible remover temporalmente las bóvedas, intervenir los sitios señalados y recuperar cinco cuerpos.

La información abrió caminos para la búsqueda. Así como ocurrió en Altaquer, los aportes de información y las mesas de trabajo adelantadas con firmantes de paz también permitieron orientar la búsqueda en Muguí, zona rural de Tumaco, donde una misión de ocho días permitió recuperar nueve cuerpos: cuatro en áreas a campo abierto y cinco en el cementerio comunitario. Por otro lado, en el resguardo indígena El Gran Sábalo, información entregada por un aportante privado de la libertad condujo a la búsqueda de los dos hermanos de Doris*, mujer indígena Awá que los buscaba desde su desaparición en 2003.
Así, cinco recuperaciones en Altaquer, nueve en Muguí y dos en El Gran Sábalo suman 16 cuerpos recuperados. Lugares e historias diferentes unidos por un elemento común: información que permitió regresar sobre las huellas del conflicto para buscar respuestas.

En el Pacífico Nariñense, 1.968 personas están reportadas como desaparecidas en contexto del conflicto armado, cifra equivalente al 46 % de los registros de Nariño. Por eso, cada relato, recuerdo o referencia geográfica puede convertirse en un insumo determinante para la búsqueda humanitaria y extrajudicial.
La búsqueda se construye con las familias, comunidades, pueblos étnicos y quienes poseen información. Como ocurrió con Plutarco, un recuerdo guardado durante más de veinte años puede convertirse en el comienzo de una respuesta para una familia que sigue buscando.
*Nombres modificados para proteger la identidad de las personas.