El abrazo que esperó 28 años y desbordó las emociones de una familia indígena del pueblo Sikuani fue gestionado gracias a la búsqueda humanitaria. Así fue el reencuentro de Sandra* con su familia después de haber sido vinculada a un grupo armado y su familia desplazada. Lograron recobrar el vínculo al confiar en la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD).
La historia
A los 14 años, cuando la vida apenas empezaba para Sandra, la guerra irrumpió en su destino. Esta joven indígena Sikuani fue arrancada de su hogar y vinculada a un grupo armado que la alejó de su identidad ancestral bajo el rigor del conflicto. Durante seis años, portó un camuflado y un fusil como parte de este grupo, hasta que a los 20 años de edad un enfrentamiento cambió el rumbo de su vinculación: gravemente herida en combate, fue dejada a cargo de una familia campesina que cuidó de sus heridas físicas.
Aunque nadie apostaba por su recuperación, Sandra venció las balas de fusil que atravesaron su abdomen, sus piernas y sus brazos y se fue recuperando poco a poco. Cuando pudo asistir a un servicio de salud debió presentar documentos de identidad que no tenía, pues en su comunidad no se registran los niños al nacer porque no hay Registraduría. En su comunidad solo hay ríos, lagunas, sabanas y árboles. Apremiada por la atención médica, se registró con otros nombres y apellidos para lograr acceder a un servicio de salud.
Lejos de sus raíces y sin rastro de su familia, Sandra reconstruyó una vida en un entorno lejano. Fue la labor humanitaria de la Unidad de Búsqueda y el vital aporte de un firmante de paz que tenía información sobre su paradero, lo que logró desentrañar el rastro de esta familia.
El aporte de información
Después de casi tres décadas de incertidumbre y silencio, el 2026 marcó un hito definitivo en esta búsqueda. Un aportante de información, firmante del Acuerdo de Paz, se acercó a la Unidad de Búsqueda y su testimonio fue la pieza clave que faltaba en el rompecabezas: relató la historia de Sandra, una mujer de origen indígena que, desde su propia realidad, también anhelaba reencontrarse con sus raíces y su familia.

Este valioso aporte permitió al equipo de la UBPD cruzar datos y relacionar de manera efectiva toda la información técnica y testimonial recolectada previamente. A pesar de las barreras geográficas y las persistentes dificultades de comunicación en las zonas rurales del Guaviare y el Meta, la entidad logró establecer los contactos necesarios con las autoridades étnicas y los familiares. Gracias a esta articulación, se adelantaron las acciones necesarias para garantizar un entorno seguro y digno que finalmente propició este reencuentro tan esperado, sanando una herida abierta durante 28 años.
«Este reencuentro nos demuestra que existen aún personas que conservan información que puede contribuir al alivio del sufrimiento de miles de familias y que puede resultar en un reencuentro como el que presenciamos entre Sandra y su familia. Es por eso que solicitamos que nos ayuden a encontrarles, les aseguramos que toda la información es confidencial y utilizada únicamente para la búsqueda humanitaria”, dijo Adriana Pestana, coordinadora de la Región Oriente de la UBPD.
Por su parte, Juan Carlos Ordóñez, firmante de paz y aportante de información en este caso, dijo: «Hago un llamado tanto a los mecanismos que hay de búsqueda como a las organizaciones que son buscadoras de la sociedad, de la población, a que hay que mochar asperezas y dedicarnos a eso tan vital en lo humanitario para nosotros poder bajarle la tensión al tema de construcción de paz».

El reencuentro
Con el nerviosismo propio de un reencuentro tan esperado, tanto Sandra junto con sus hijos como su madre y hermanos esperaban en salas diferentes de la sede de la UBPD en el Guaviare. Cuando llegó el momento, las lágrimas y ese fuerte abrazo que se generó entre todos y todas fue el sello que devolvió la esperanza y la tranquilidad a esta familia.
El enfoque diferencial se garantizó al contar con un intérprete de lengua sikuani que permitió la comprensión de los tecnicismos de la búsqueda a los familiares que conservan su lengua propia, facilitando que todos y todas pudieran vivir este momento y entender cómo esto aporta a la construcción de paz y a impulsar la esperanza en otras familias que tienen seres queridos desaparecidos.
«Estos reencuentros no solo revalidan nuestra misionalidad humanitaria sino que brindan esperanza para quienes aún no se animan a iniciar sus procesos de búsqueda. Nuestro compromiso se mantiene para encontrarles, porque la búsqueda nos une y así, unidos, podemos llevar alivio a las familias que siguen cargando con el sufrimiento que causa la desaparición», concluyó Pestana.

Los aportes de información son cruciales para avanzar e impulsar la búsqueda humanitaria. Es por esto que la Unidad de Búsqueda refuerza su mensaje para buscar a 137.000 personas que conforman el universo de personas desaparecidas en todo el país.
Si usted tiene información que contribuya a la búsqueda o tiene un ser querido desaparecido en Guaviare, Sur del Meta o Vaupés, comuníquese con la UBPD a la línea telefónica 3162807760 o acérquese a la calle 7 # 24-155 del barrio 20 de Julio en San José del Guaviare.
*Las identidades se mantienen bajo reserva por seguridad de los involucrados.