La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) recuperó el cuerpo de Carlos Andrés*, un joven que habría desaparecido en el corregimiento de la inspección de El Zulia, en el municipio de Maripí, en Boyacá.
La identidad de esta persona estaría ya orientada al momento de la recuperación. Es por eso que la UBPD logró ubicar a los hermanos, cuyo relato fortaleció la hipótesis de este caso, y tomar sus muestras genéticas para acelerar la identificación. Además, en garantía del derecho a la participación de las víctimas y familias buscadoras, pudieron acompañar las labores forenses de recuperación.
Según Leonardo Parra, servidor de la UBPD y líder del Plan Regional de Búsqueda del Occidente de Boyacá, la investigación humanitaria permitió relacionar el caso con registros históricos de violencia en la región: «Esta investigación reunió entrevistas de habitantes de la zona y otras piezas documentales que, al cruzarlas con documentos históricos, permitieron vincular la desaparición de Carlos Andrés con hechos ocurridos el 28 de abril de 1989 en este corregimiento», explicó.

La familia recuerda que ellos, junto a su ser querido, crecieron en Otanche -un municipio de Boyacá- en medio de condiciones de pobreza. Tras la muerte de su padre, su madre quedó sola al frente del hogar y Carlos Andrés, con apenas 13 años, comenzó a trabajar para ayudar económicamente a sus hermanos. A esa misma edad se trasladó hacia Maripí en busca de oportunidades en labores campesinas.
Durante un tiempo mantuvo contacto con su familia a través de cartas y mensajes enviados con conocidos. Sin embargo, la comunicación se interrumpió abruptamente y durante años nadie volvió a saber de él.
De acuerdo con el relato de un aportante local, en la madrugada del 28 de abril de 1989 hombres armados irrumpieron en el caserío de Zulia. Obligaron a los habitantes a salir de sus viviendas y reunieron a siete hombres en la cancha de microfútbol del parque principal. Allí los hicieron tenderse en el suelo antes de fusilarlos.

Seis de las víctimas eran reconocidas por la comunidad y sus familiares pudieron asistir a sus entierros. La séptima víctima era un joven foráneo conocido únicamente como Carlos Andrés. Nadie reclamó el cuerpo y fue sepultado en el cementerio local como cuerpo no identificado (CNI).
Tiempo después, la madre del joven recibió noticias fragmentadas sobre la masacre. Supo que su hijo probablemente había muerto allí, pero las condiciones de violencia de la época, en el occidente de Boyacá, hacían imposible desplazarse para buscarlo. El miedo dominaba los caminos y viajar entre municipios podía costar la vida.
Tras la firma del Acuerdo de Paz y la apertura de una oficina territorial en Boyacá, la Unidad de Búsqueda pudo registrar este caso y acompañar el proceso de búsqueda que, durante casi cuatro décadas, esta familia sostuvo en soledad.

Actualmente el cuerpo recuperado se encuentra en el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses para ser cotejado con las muestras biológicas de sus familiares y así confirmar plenamente la hipótesis de su identidad.
La Unidad de Búsqueda le envía un mensaje especial al Occidente de Boyacá. Nuestra entidad reconoce su conflicto particular e informa a toda la comunidad sobre su derecho a la búsqueda de desaparecidos en este territorio. Toda información, por mínima que sea, es valiosa y será tratada bajo los principios humanitarios, extrajudiciales y de confidencialidad, con el único propósito de avanzar en la localización e identificación de personas dadas por desaparecidas y brindar alivio a las familias que llevan décadas esperando respuestas.
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*Hemos cambiado el nombre de la persona desaparecida para proteger su identidad y la de su familia.