Parada junto al cofre donde reposa su hermano, quien estuvo desaparecido durante 23 años, Martha Isabel no deja de llorar. Cada tanto abre la caja de madera y toca las estructuras óseas que hay en el interior. Sus parientes se acercan y lloran junto a ella. Algunos la abrazan y otros miran la pintura de un cafetal en la que se ve a un muchacho moreno, de nariz achatada y cabello crespo recolectando granos de café. Ese joven es Juan Carlos Castaño Tobón, cuyo cuerpo fue entregado de manera digna por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD).
La entrega digna tuvo lugar en Medellín con la participación de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Corporación Jurídica Libertad y el colectivo Tejiendo Memorias, al que pertenece Martha Isabel desde que emprendió la búsqueda de su hermano, a quien vio por última vez el 26 de agosto del 2002, cuando un grupo armado lo sacó de la finca donde ambos trabajaban en la vereda Calderas del municipio de San Carlos, en el Oriente antioqueño.
Juan Carlos se levantó como todos los días a trabajar en la recolección de café, recordó Martha Isabel, cuando un grupo armado entró a la casa donde ella preparaba la comida para la familia y los trabajadores. «Esculcaron todo, preguntaron cuántos había en la casa. Yo tenía tres niños pequeños: uno de cinco años, otro de tres y una niña de un añito. Llegaron a preguntarles a los niños si había guerrilla, si teníamos armas, cosas así. Mientras, otros estaban en el cafetal, sacaron a mi hermano y se lo llevaron. Inicialmente, cuando fueron a salir con él, yo les pregunté: ‘¿Para dónde lo llevan?’. Me dijeron que en un momento regresaba. Le pasé la billetera con sus documentos y él la cogió. Se lo llevaron. Eso fue a las 11 de la mañana. Pasó el resto del día y mi hermano no apareció por ninguna parte. Al otro día, en la mañana, el 27 de agosto, me avisaron que a mi hermano lo habían matado. Ese día mataron a ocho personas».
Aunque la familia Castaño Tobón supo que Juan Carlos fue llevado al cementerio del vecino municipio de Granada, nadie acudió al lugar, porque corría la amenaza de que no se podía reclamar el cuerpo. «Nos tomamos un buen tiempo porque el miedo es horrible, estábamos muy atemorizados. Cinco años después, yo tomé la decisión de denunciar. Denuncié y empecé el proceso, pero en la Fiscalía nunca tuve respuesta», recordó Martha Isabel.

Ahí empezó el camino de la búsqueda para esta mujer, que tiempo después conoció la labor de la Corporación Jurídica Libertad y se vinculó al colectivo Tejiendo Memorias para continuar buscando a su hermano y reivindicar su identidad: «Él era un muchacho muy trabajador. Tenía apenas 20 años cuando lo desaparecieron. Era responsable, buen padre, buen hijo y buen hermano».
El proceso que emprendió Martha Isabel la llevó a la Unidad de Búsqueda donde en 2023 presentó la solicitud de búsqueda de su hermano y aportó información que orientó la localización de su cuerpo. La investigación humanitaria y extrajudicial adelantada por la UBPD, bajo el Plan Regional de Búsqueda del Oriente antioqueño, logró establecer que Juan Carlos permanecía como cuerpo no identificado en el osario 1 del pabellón San Mateo en el cementerio de Granada; y, un año después, en diciembre de 2024, recuperó su cuerpo.

Tras ser plenamente identificado por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en diciembre de 2025 el cuerpo de Juan Carlos fue entregado de manera digna a su familia que decidió inhumarlo en el cementerio de Girardota, en Antioquia.
En el último mes, el Plan Regional de Búsqueda del Oriente antioqueño ha realizado 10 entregas dignas de cuerpos de personas desaparecidas a sus familias. En el Oriente de Antioquia hay un universo de 3.365 personas desaparecidas, 252 de ellas en el municipio de Granada. En Antioquia el registro asciende a 27.442 personas desaparecidas y en Colombia, a 135.396.