Ricardo Alexander tenía nueve años cuando desapareció su padre. Durante casi 24 años, tuvo que aprender a vivir con su ausencia, conservando los recuerdos de aquel hombre que le enseñaba a respetar a los demás y que ayudaba con sus masajes a quienes necesitaban aliviar su dolor. Él pudo despedirlo y darle sepultura en el cementerio de Villagarzón, en el Putumayo.
«Para mí es una tranquilidad inmensa», dijo Ricardo durante la ceremonia. Ahora sabe dónde está su padre. Podrá visitarlo, hablarle y compartir con él de otra manera, aunque ya no pueda abrazarlo.

Luis Antonio Bravo Díaz fue víctima de desaparición en el marco del conflicto armado el 9 de septiembre de 2002. Su familia pasó años sin conocer su paradero, hasta que un aporte de información y la memoria de una persona de la comunidad contribuyó a orientar la búsqueda en una vereda del Valle del Guamuez. en el Putumayo.
La investigación humanitaria de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) llegó hasta un predio donde antes se instaló un campamento un grupo armado no estatal, la misma finca en la que su cuidador recordaba haber visto que la tierra parecía removida. En ese punto decidió poner una cruz artesanal, como una forma de dignificar a quien pudiera estar inhumado allí.

En agosto de 2024, durante una acción humanitaria de la Unidad de Búsqueda, esa cruz ayudó a localizar el lugar donde estaba un vecino y amigo de Luis Antonio. La información sobre la desaparición de ambos llevó al equipo de la UBPD a explorar los alrededores en busca de Luis Antonio.
Entonces ocurrió algo que quienes participaron en la recuperación todavía recuerdan. Una mariposa se posó en uno de los puntos explorados. La antropóloga que acompañaba la intervención propuso realizar allí un sondeo y encontraron a Luis Antonio.

Casi dos años después, mientras su familia se preparaba para darle sepultura, otra mariposa revoloteó alrededor del cofre que contenía su cuerpo ya identificado plenamente por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Para quienes habían vivido la recuperación, aquel instante evocó la primera aparición. La mariposa no necesitaba explicaciones. En medio de la despedida, se convirtió en un recuerdo compartido.
Después de confirmar su identidad, la Unidad de Búsqueda acompañó a la familia en la preparación de la entrega digna, respetando sus necesidades y creencias y antes de la inhumación. Sus hijos, su esposa, sus nueras y sus nietos se reunieron para expresar lo que sentían. Escribieron mensajes y dibujaron sobre un lienzo con la fotografía de Luis Antonio. Hubo palabras de agradecimiento, una ceremonia católica y recuerdos de la vida que compartieron con él.

De su padre, Ricardo dijo que conserva muchos recuerdos bonitos. Y, al despedirlo, dejó una reflexión para quienes conocieran su historia. «Compartamos ahora que estemos vivos».
La Unidad de Búsqueda mantiene su atención en Putumayo a quienes deseen solicitar la búsqueda de un ser querido desaparecido antes del 1 de diciembre de 2016 o aportar información de manera gratuita, confidencial y sin fines judiciales a través de la línea 3162851395 o en la calle 14 # 7 – 15 (barrio Olímpico) en Mocoa.