A Luzmila del Carmen Atencia Herrera la vida no le alcanzó para criar a sus tres hijos. Tenía solo 17 años cuando fue dada por desaparecida a causa del conflicto armado en el municipio de El Roble, en Sucre.
Era el 31 de enero de 2003 cuando su familia en Galeras, también en la sabana sucreña, tuvo las últimas noticias de ella. Hasta mediados de 2025, cuando una intervención de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), en el municipio de Sincé, en la misma subregión geográfica, le devolvió a sus parientes la esperanza de conocer su paradero.
Tres municipios sucreños, una sola historia y un mismo dolor: Luzmila salió de Galeras, desapareció en El Roble y su cuerpo fue encontrado en una bóveda de Sincé, también en Sucre.
La historia de esta madre, de las que sus hijos solo tienen vagos o nulos recuerdos, pues el menor estaba de brazos, empezó a reconstruirse durante la entrega digna del cuerpo de Luzmila del Carmen, llevada a cabo en su municipio de origen, en presencia de dos de sus retoños y otros familiares y amigos.
Óscar Andrés Sarmiento, el mayor, con 25 años, tenía solo dos cuando el conflicto le arrebató el amor de quien siempre quiso volver a ver y abrazar. Y fueron quizás las ansias de volver a saber de ella las que le permitieron llegar hasta el final de la búsqueda y entrega del cuerpo de su madre.

«Voy a estar más tranquilo. Tuve la dicha y la oportunidad, después de 23, 24 años de búsqueda, de conocer el paradero de ella. Se dieron las cosas, no como uno esperaba, pero bueno. Le doy gracias a Dios. Me siento muy contento y muy aliviado», narró el joven, quien apenas empieza a vivir su duelo.
En medio del espacio psicosocial previo a la entrega del cuerpo de su madre, Óscar y su hermano Kevin, con el apoyo de la Unidad para las Víctimas, reconstruyeron y dignificaron la memoria de su madre. Lo que el tiempo no les permitió recordar con claridad, lo pudieron vivir a partir de las experiencias que refirieron sus familiares y amigos, quienes les acompañaron a celebrar la misa de exequias y luego hasta la última morada de Luzmila del Carmen en el cementerio de Galeras.
Rosalía Herrera Castro, tía de Luzmila, siente un «refrigerio en el alma» por la entrega de ella. «Cuando uno tiene un ser querido desaparecido, es como si uno estuviera vagando también. Entonces, es como haber encontrado ya esa paz, esa tranquilidad», señaló, al pie de la tumba donde le dejaron flores.

Blanca Arteaga Morales, coordinadora de la Unidad de Búsqueda en Sucre, explicó que la recuperación del cuerpo de Luzmila es el fruto de la intervención al Cementerio Padre Nuestro, del municipio de Sincé, donde fueron hallados otros 18 cuerpos que se convierten, igualmente, en una acción reparadora y sanadora para quienes llevan años sin saber qué pasó con sus seres queridos desaparecidos.
«En el caso de esta persona y de las otras 18, la Unidad de Búsqueda implementó la metodología de Verificación por correspondencia de información post mortem, donde el equipo forense de la UBPD y un experto internacional en antropología compararon una necropsia preexistente con el cuerpo exhumado en Sincé y concluyeron que se trataba de la misma persona», detalló.
El pasado 18 de julio fue la primera vez que los hijos de Luzmila recordaron su fecha de nacimiento con nostalgia, pero sin la incertidumbre por su paradero. Si el conflicto no se hubiera ensañado contra ella, estaría cumpliendo 41 años de vida y disfrutaría de un nieto de casi dos años de edad.