Durante casi tres décadas, María* llevó consigo una ausencia que nunca dejó de doler. La guerra la obligó a tomar una decisión que marcó su vida: dejar a sus hijas siendo apenas unas niñas para proteger sus vidas.
Por pertenecer a un grupo armado, en 1997 tuvo que dejar a sus hijas al cuidado de terceros en el municipio de Calamar, en el Guaviare. Desde entonces, el conflicto armado no solo la separó de ellas, sino que convirtió su búsqueda en una incertidumbre de casi treinta años.
Tras la firma del Acuerdo de Paz, María comenzó un nuevo camino como firmante de paz. Entre los muchos retos de reconstruir su vida, había uno que ocupaba el primer lugar: encontrar a sus seres queridos y volver a saber de ellos, este deseo la llevó a las oficinas de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) en Arauca, acompañada de la Comisión de Búsqueda de Comunes, en donde colocó la solicitud de búsqueda.
Mientras tanto, Yulieth* crecía sin conocer el rostro de su madre biológica. Sabía únicamente que aquella mujer llamada María había tenido que dejarla siendo una bebé para protegerla en medio de la guerra. Esa explicación acompañó su vida durante años, pero nunca logró llenar el vacío de no saber dónde estaba, cómo era o si algún día volverían a encontrarse.
La investigación humanitaria y extrajudicial de la UBPD permitió reconstruir la historia que el conflicto había fragmentado. Cada información recopilada, cada entrevista y cada indicio fueron acercando dos vidas que durante décadas caminaron por caminos distintos sin saber que el reencuentro era posible.
La Unidad de Búsqueda acudió a diferentes técnicas de investigación humanitaria para poder determinar esta relación madre-hija: el análisis de contexto, revisión de bases de datos para establecer los datos de contacto de Yulieth, realización de toma de muestras de ADN y contrastación de fuentes documentales así como de fotografías.

En julio de 2026, en San José del Guaviare, ese momento finalmente llegó: madre e hija volvieron a verse frente a frente después de 28 años. El abrazo que durante tanto tiempo solo existió en la imaginación, se hizo realidad gracias al trabajo humanitario de búsqueda adelantado por la UBPD y al acompañamiento de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) que apoyó la realización del reencuentro.
Durante la investigación también se conoció un detalle profundamente simbólico: el nombre que María había escogido para su hija al nacer nunca cambió. Aunque fue criada por una familia adoptiva y recibió los apellidos de quienes la acogieron y la criaron como una hija propia, su nombre permaneció intacto, como un pequeño hilo que el tiempo nunca logró romper.
La identidad y el vínculo biológico entre ambas fueron confirmados mediante el análisis de ADN realizado por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, luego del cruce de las muestras biológicas obtenidas durante la investigación humanitaria.

Sin embargo, la historia de esta familia aún tiene capítulos por escribirse. Las afectaciones que la guerra dejó en María incluyen episodios de pérdida de memoria que incluso le hicieron olvidar que tenía una segunda hija. Durante la búsqueda humanitaria, la UBPD logró establecer que también existe Leidy, la hija menor, y actualmente continúa adelantando las acciones necesarias para que ese nuevo reencuentro pueda hacerse realidad.
Este tampoco fue el primer alivio que la búsqueda humanitaria llevó a la vida de María. Hace poco, las investigaciones de la UBPD ya habían permitido que volviera a encontrarse con una de sus hermanas, otro paso importante en la reconstrucción de una familia marcada por las consecuencias del conflicto armado.
Historias como esta reflejan que la búsqueda humanitaria trasciende la localización de personas desaparecidas. También hace posible restablecer vínculos familiares, reconstruir memorias y aliviar, aunque sea parcialmente, el sufrimiento acumulado durante décadas de incertidumbre.

Después de 28 años, María y Yulieth tienen ahora la oportunidad de conocerse más allá de la ausencia. De compartir el tiempo que la guerra les arrebató, de construir nuevos recuerdos. Mientras tanto, la búsqueda continúa. Porque cada familia que logra volver a encontrarse representa una razón más para seguir buscando.
Actualmente, la UBPD busca a 137.000 personas dadas por desaparecidas, una tarea que pareciera imposible pero que se sigue fortaleciendo con cada uno de estos resultados esperanzadores.
*Las identidades se mantienen bajo reserva por seguridad de las personas involucradas.