En las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde el verde de la vegetación abre paso a los caminos veredales y el tiempo parece congelarse, el silencio ha guardado durante años historias que necesitan ser contadas. Allí, en un campo abierto del sector conocido como Sabana Grande, zona rural de San Juan del Cesar, en La Guajira, un equipo de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) entró para extraer un cuerpo de las entrañas de la tierra. Hasta ahí los llevó la memoria de una familia. No tenían certeza, solo relatos fragmentados y el recuerdo persistente de alguien que el paso de los años no logró extinguir.
Arturo fue visto por última vez en febrero de 2001, en el corregimiento de Atanquez, en la ciudad de Valledupar. Aquella mañana parecía una más: había terminado de desayunar y se disponía a ir a su parcela, a revisar las plantas de aguacate. Pero antes de salir, un conocido llegó a buscarlo. Le pidió que lo acompañara. Arturo accedió y desde entonces no volvió.
En adelante, empezaron a llegar versiones, rumores que iban y venían entre la montaña: que lo habían reclutado, que se había unido a un grupo al margen de la ley, que había muerto en combate. Una de esas historias hablaba de un cuerpo encontrado en la Sierra Nevada, con características que parecían las suyas. Pero nunca hubo confirmación. Solo la incertidumbre, esa que se instala en las familias y no se va.

Años después, la búsqueda encontró un camino: a la UBPD llegó una solicitud para buscar a dos personas desaparecidas en esa misma comunidad, en circunstancias similares. Con esa información, un equipo de profesionales llegó hasta la zona, caminó el territorio, escuchó a quienes aún recuerdan y comenzó las labores de prospección en un lugar donde la tierra parecía guardar más de una historia.
Fue allí, entre un valle formado por un arroyo y bajo un clima cálido de lluvias suaves, donde se produjo el hallazgo: una estructura ósea que hoy representa mucho más que un resultado forense. El cuerpo encontrado es la posibilidad de una respuesta que por años ha buscado una familia. Cada recuperación es un acto de humanidad. No se trata solo de encontrar un cuerpo, sino de abrir una puerta para encontrar la posibilidad de dignificar la memoria del ser humano que ya no está.
En Colombia, 136.010 personas continúan desaparecidas por acciones ocurridas en el contexto del conflicto armado. Detrás de cada número hay una historia suspendida, un dolor que no desaparece, un espacio vacío en casa y una familia, que, como muchas, sigue esperando. Porque incluso en los lugares donde el silencio ha sido más profundo, la memoria insiste y la búsqueda continúa.

El cuerpo recuperado será llevado al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, donde se hará el proceso de identificación. Mientras tanto, la esperanza se agiganta y comienza a tomar forma para despedir dignamente a Arturo. Las acciones hacen parte del Plan Regional de Búsqueda Sur de La Guajira – Norte del Cesar.
El llamado que se hace, desde la Unidad de Búsqueda a las comunidades, es para que se acerquen a una las sedes de la entidad en el país, para que hagan la solicitud de búsqueda. Es un proceso gratuito que no requiere de intermediarios, que guarda el principio de confidencialidad y que lo puede realizar un familiar, un cercano o un miembro de la comunidad.
La Unidad de Búsqueda, por ser un ente extrajudicial no cuestiona, no señala y no busca responsables. La sede que atiende los 10 municipios del sur de La Guajira, 17 del norte y centro del Cesar y uno del Magdalena está ubicada en la calle 12 # 5 – 45 barrio, Novalito en Valledupar. También atiende telefónicamente en las líneas 3167444722 y 3165243128.