Recientemente se realizó la segunda prospección en campo abierto al interior del predio Santa Lucía de San Carlos de Guaroa, en el Meta, para la recuperación del cuerpo de José Antonio Cruz Castro, a quien sus familiares le perdieron el rastro desde julio de 2002.
Casi 25 años después, la familia de José Antonio continúa recabando información que se complementa con los datos recogidos por el equipo de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) para seguir cualquier pista que señale su posible localización. Hasta el momento, la información proporcionada por la familia Cruz indica que podría estar inhumado en un área con vestigios de lo que fue un vertedero de basuras, en medio de decenas de hectáreas de palma de aceite.
Con esta información, el equipo ha realizado intervenciones forenses en dos ocasiones diferentes, sin que hasta el momento se hayan logrado hallazgos. De cualquier manera, la UBPD sigue esforzándose para poder dar el resultado esperado a la familia. En este sentido, para esta segunda intervención se dispuso de un equipo interdisciplinar que incluía, además del equipo forense, una profesional en geofísica. Esta profesional operó herramientas tecnológicas que permitieron analizar internamente la tierra y ayudar a orientar a los forenses en su labor.

Paola Chavarro, antropóloga forense, explicó que el lugar de las excavaciones corresponde a una zona indicada por la familia como el campamento de un actor armado que para la época de desaparición de José Antonio hacía presencia en este lugar.
Equipos tecnológicos para la búsqueda
Según Chavarro, durante las acciones intrusivas se intervinieron seis puntos señalados por la familia sumados a otros nueve que se lograron identificar mediante el uso del Georradar. Estas áreas se exploraron con actividades no intrusivas para hallar o descartar nuevos lugares de interés forense.
En otro predio se empleó la técnica del resistivímetro, la cual permite tomar datos sobre la conformación del suelo y sumar a nuevos enrutamientos para la investigación humanitaria.

El reto de las abejas
En la primera área intervenida el equipo forense se encontró con dos enjambres de abejas, situación que fue manejada por los propietarios del predio, pero aún así representó un nuevo reto porque llevó al equipo a usar trajes especiales para no detener las labores y tampoco afectar el curso de la naturaleza. Lo que comenzó como una alerta se convirtió en una coexistencia asombrosa. Las abejas permanecieron allí, rodeando las excavaciones, como si fueran guardianas silenciosas de la tierra removida.
En cada misión, la geografía y el terreno imponen sus propias reglas: el clima, el difícil acceso o la densidad de la maleza son obstáculos comunes. Sin embargo, a veces el campo presenta situaciones inéditas que ponen a prueba la templanza de los equipos, como en esta ocasión.
La señora Olga Lucía Cruz Castro, hermana de José Antonio, invitó a cualquier persona que pueda tener información sobre la localización del cuerpo de su familiar, para que la ayuden a encontrar a José Antonio, brindando información de forma confidencial a la UBPD quien garantizará que esta información se usará únicamente y exclusivamente para dar con el paradero de su hermano.

De igual forma, desde la coordinación de la Regional Oriente de la UBPD se hace un llamado a las personas que consideren tener información de posibles lugares donde puedan estar inhumados cuerpos de personas desaparecidas, bien sea en cementerio o en campo abierto, para que se acerquen a la entidad de manera confidencial y contribuyan a aliviar el dolor de las familias buscadoras.
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