En 2001, en la zona alta del sur de Bolívar y en medio de hechos asociados al conflicto armado, una niña de dos años fue separada de su madre biológica y entregada al cuidado de terceros. Desde entonces, la incertidumbre fue su única compañía: ninguna llamada, ningún rastro, ningún indicio de su paradero.
Para María —como llamaremos a la madre— comenzó una espera larga, dolorosa y llena de preguntas. Durante años vivió entre la esperanza y el temor. Pensaba en su hija cada día, imaginando su rostro creciendo sin poder verlo. El miedo la paralizó durante mucho tiempo. No sabía por dónde empezar, ni a quién acudir. Solo aguardaba noticias que nunca llegaban.
Pasaron dos décadas
En 2021 decidió dar el paso que había postergado por años: solicitó a la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) encontrar a su hija; o al menos saber qué pasó con ella. Fue el inicio de un camino en el sur de Bolívar, que con articulaciones con el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio permitió reconstruir las piezas dispersas de una historia interrumpida.

La búsqueda humanitaria y extrajudicial desarrollada por el Plan Regional de Búsqueda Sur de Bolívar, del equipo de la UBPD en la región del Magdalena Medio, se basó en el análisis de información derivado de una exhaustiva y detallada consulta en bases de datos y registros oficiales de la Registraduría Nacional del Estado Civil.
Posteriormente, se avanzó en la localización de la presunta persona hallada con vida gracias a la articulación efectiva con los enlaces municipales del Sistema de Identificación de Potenciales Beneficiarios de Programas Sociales (SISBEN). Tras estos avances, se impulsó el proceso de identificación con el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, quienes a través de un cotejo de ADN lograron establecer la relación biológica entre madre e hija, confirmándose con ello la identidad de Laura*.
La niña había sido trasladada a otro lugar del nororiente del país. Creció lejos de su origen, sin conocer del todo la verdad sobre su historia. La vida siguió su curso, pero había una ausencia imposible de nombrar.

Cuando la noticia del hallazgo llegó, el tiempo pareció detenerse
«Felicidad, ese amor que necesitaba, que esperaba hace tantos años», diría María al recordar el momento en que le confirmaron que su hija estaba viva. Durante años temió lo peor. Hubo noches en que el pensamiento oscuro la visitó, imaginando desenlaces irreparables. Pero también hubo una certeza íntima, casi inexplicable: la sentía viva.
Del otro lado, Laura también cargaba con un vacío: «Crecí sin ese brazo en mi vida», confesó tras el reencuentro. Saber que su madre la había buscado transformó su historia. La espera se llenó de nervios, de emoción, de incertidumbre. Hasta que finalmente el día llegó.
El reencuentro no fue solo un abrazo. Fue la reconstrucción de una historia fragmentada. Fue mirarse y reconocerse después de 25 años. Fue comprobar que pese a la violencia y al desarraigo, los vínculos pueden resistir el paso del tiempo.
«Estamos profundamente felices y conmovidos», expresó Daladier Jaramillo, coordinador de la Unidad de Búsqueda en el Magdalena Medio, al referirse a este caso que materializa la posibilidad de sembrar reconciliación. No se trató únicamente de ubicar a una persona con vida, fue la oportunidad de restituir un lazo que nunca dejó de existir.

El Plan Regional de Búsqueda Sur de Bolívar abarca 10 municipios: Yondó, Arenal, Cantagallo, Morales, Norosí, Regidor, Río Viejo, San Pablo, Santa Rosa y Simití, donde se registra un universo de 1.176 personas dadas por desaparecidas. En total, en el Magdalena Medio, 5.908 personas continúan siendo buscadas.
Cada número representa una historia suspendida, una silla vacía en la mesa, una pregunta abierta. El caso de María y Laura demuestra que la esperanza puede abrirse paso incluso después de décadas. «Que no pierdan la fe», dijo la joven al enviar un mensaje a quienes siguen esperando. Porque a veces, cuando todo parece perdido, la vida ofrece una segunda oportunidad.
En ese abrazo contenido durante un cuarto de siglo, no solo se reencontraron una madre y una hija; verdaderamente, nace una nueva familia.
*Se cambió el nombre por seguridad de la persona.