Carlos Albeiro Valencia Tangarife había desaparecido desde enero de 2009 en la vereda El Horizonte del corregimiento La Carmelita, en el municipio putumayense de Puerto Asís. Desde entonces, su nombre pasó a integrar la larga lista de personas dadas por desaparecidas en el contexto del conflicto armado en Colombia. Para sus seres queridos, su desaparición se convirtió en una espera que duró años.
No todas las investigaciones comienzan con una solicitud formal y este fue uno de esos casos. Tras el acercamiento de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) a la comunidad, excombatientes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Heiler Mosquera entregaron información puntual que habían recibido de habitantes del sector. Estos aportes permitieron ubicar el punto exacto de inhumación y conocer que el cuerpo había sido dejado cerca de un camino rural, lo que indica que Carlos nunca salió del corregimiento.
Él no tenía padres vivos ni familiares cercanos que lideraran la búsqueda. Su tío, un hombre de edad muy avanzada, era el único pariente identificado. Contactarlo fue el primer paso, porque la búsqueda no concluye con la localización de un cuerpo, continúa con su recuperación, la identificación plena y la posterior entrega digna.
La identificación de Carlos Albeiro representó otro desafío. No había familiares cercanos disponibles para la toma de muestras genéticas. Se sabía que tenía un hermano, pero su paradero era desconocido. La única persona ubicada en ese momento era su tío. Sin embargo, por el grado de consanguinidad, su muestra no permitía una identificación concluyente.

Ante esta situación, la Unidad de Búsqueda tomó la decisión de exhumar un cuerpo para obtener una muestra biológica que permitiera avanzar en el análisis genético: se trataba del cuerpo de su madre. Fue un procedimiento complejo, tanto en lo técnico como en lo emocional. Aun así, los resultados no fueron concluyentes para el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.
La búsqueda debió continuar, esta vez tras la pista del hermano. Localizarlo implicó reconstruir trayectorias y consultar distintos registros. Cuando finalmente fue ubicado, aunque ya había fallecido, se estableció que el Instituto de Medicina Legal contaba con una muestra biológica tomada al momento de su muerte. Gracias a ese registro fue posible realizar el cotejo genético necesario para confirmar científicamente la identidad del cuerpo recuperado.

Y así, después de 16 años, Carlos Albeiro regresó a su familia. Su tío, ya muy mayor, lo recibió desde su fe cristiana y algunos familiares lejanos viajaron para acompañarlo..
«En Putumayo, más de 4.600 personas han sido dadas por desaparecidas en el contexto del conflicto armado y muchas de sus investigaciones continúan en curso. Este caso evidencia la complejidad que puede implicar una identificación cuando no existen familiares directos disponibles y la importancia de los aportes de información en los territorios. Su identificación exigió decisiones técnicas inéditas, búsquedas paralelas y la persistencia de un gran equipo de trabajo. Nos alegra mucho que ya se encuentre en su morada final», señaló David Narváez, coordinador de la UBPD en Putumayo.

Si tiene un ser querido que haya desaparecido a razón del conflicto armado y desea iniciar una solicitud de búsqueda, puede acercarse a la oficina de la Unidad de Búsqueda en Mocoa, ubicada en la calle 14 No. 7-15; o comunicarse a la línea telefónica 3162851395. Los procesos son gratuitos, confidenciales y no tienen implicaciones judiciales.