Durante años, el hijo de Esteban Forero* no dejó de insistir. Preguntó, buscó y golpeó puertas. Su lucha fue silenciosa pero constante: quería encontrar a su papá, saber dónde estaba y poder despedirlo como merecía. En el cementerio municipal de La Calera, en Cundinamarca, esa espera empezó a transformarse.
«Por fin vamos a poder darle cristiana sepultura, dar un adiós digno», decían tres de sus hijos mientras permanecían a un costado de las bóvedas, miraban con detenimiento. Escuchaban con atención cada explicación, cada paso del proceso que fue compartido con ellos de manera clara y respetuosa por el equipo de Bogotá, Cundinamarca y Amazonas de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD). Para ellos no era solo una intervención forense, era la posibilidad de cerrar una herida abierta durante años.
Ese día, en medio del silencio del cementerio, se llevó a cabo una misión humanitaria que permitió recuperar dos cuerpos que estaban en tres bóvedas previamente identificadas. Uno de ellos podría corresponder a Esteban.
La búsqueda fue posible gracias al trabajo previo de investigación documental y de campo. Dos de los cuerpos tenían hipótesis de identidad y solicitudes de búsqueda activas. El tercero no contaba con identidad orientada, pero también se realizaron tomas de muestra genética para intentar identificarlo en el futuro.
Durante la jornada, el equipo forense realizó una revisión cuidadosa de los cuerpos para establecer características como la edad aproximada y otros datos que permitan contrastar la información existente. Cada procedimiento fue explicado paso a paso a la familia, que decidió estar presente. Para ellos, participar no fue un detalle menor: fue la oportunidad de acompañar la búsqueda de su propio padre.
Los dos cuerpos con hipótesis de identidad fueron trasladados al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, donde continuarán los análisis que permitirán confirmar si corresponden a las personas buscadas.
En el caso del tercer cuerpo, al no contar aún con una posible identidad, se tomaron muestras genéticas y se aseguró su trazabilidad para que, cuando exista información que permita orientarla, pueda avanzarse en su identificación. Mientras tanto, permanece bajo custodia del cementerio.
Uno de los momentos más significativos fue, sin duda, la presencia de la familia. Escuchar, preguntar, entender lo que estaba ocurriendo. Al finalizar la intervención, recibieron una explicación detallada sobre los hallazgos preliminares. Fue un ejercicio de respeto y de reconocimiento a su derecho a saber.
Ahora la espera continúa, esta vez pendiente de los resultados genéticos. Pero algo cambió: ya no es una búsqueda en la incertidumbre. Es un proceso que avanza.
*Se protege la identidad de la persona por pedido de la familia.