Por: Nataly Ramírez
Comunicadora de Nivel Central de la UBPD
«Me siento muy feliz. Es como cuando uno lleva mucho tiempo esperando algo y por fin se dan las cosas. Este cuerpo no lo recibo yo: Camilo representa a muchos sectores de la sociedad colombiana«, indicó el sacerdote Javier Giraldo durante la entrega digna del padre Camilo Torres Restrepo.
Eran aproximadamente las 5:00 de la tarde del domingo 15 de febrero de 2026. El padre Giraldo llegó muy puntual a la sede en Bogotá de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), acompañado por varios sacerdotes y personas que hacían parte de la familia social de Camilo Torres Restrepo. A su ingreso al recinto, en el que se adelantó esta entrega digna, se encontró con una mesa cubierta con un mantel blanco. En las esquinas, flores amarillas acompañaban el cofre café oscuro en el que estaba el cuerpo del sacerdote desaparecido desde 1966, el mismo cofre en el que fue encontrado al momento de su recuperación. Una fotografía en blanco y negro, vestido con su sotana, también había sido dispuesta en el lugar.

«Hoy es un día muy especial para las personas y familias que buscan a los más de 135.000 desaparecidos que el conflicto armado ha dejado en la historia de nuestro país. Cabe resaltar que el proceso de búsqueda, recuperación y entrega digna del cuerpo del padre Camilo Torres Restrepo nos permite honrar, resaltar y dignificar la vida y la memoria de todos los desaparecidos de nuestro país, así como la lucha, la resistencia y la resiliencia de sus buscadoras y buscadores, que nunca desfallecen en su afán de conocer la suerte y el paradero de sus seres amados y de rendirles el tributo que merecen sus ausentes», fueron las palabras de Luz Janeth Forero Martínez, directora general de la Unidad de Búsqueda.
Durante el espacio, que se extendió por más de tres horas, se presentaron los resultados de la investigación humanitaria y extrajudicial que permitieron el hallazgo, la identificación y la entrega del padre Camilo Torres Restrepo, después de 60 años de su muerte y desaparición. Con esta entrega digna también se cierran siete años de investigación y búsqueda liderados por la entidad.
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Recuperación: del escepticismo a la esperanza
Era el 19 de junio de 2024 y en el cementerio municipal Campohermoso, de Bucaramanga, estaban dispuestas las metodologías necesarias para adelantar acciones humanitarias de prospección y recuperación. Mesas con telas negras para la disposición de cuerpos, kits de topografía y fotografía, brochas, entre otros elementos, eran indispensables para salvaguardar la evidencia.
Vestido con trajes de bioseguridad, el equipo forense de la Regional Nororiente de la Unidad de Búsqueda estaba listo para iniciar esta acción de recuperación. La directora Forero Martínez llegó puntual al lugar de encuentro: el Pabellón Militar de ese camposanto. En la esquina superior izquierda se encontraba la bóveda que iban a intervenir: pintada de blanco y no tenía ningún nombre ni marcación. Solo hasta ese momento el pequeño grupo que lideraba esta acción humanitaria se enteró de que, posiblemente, el cuerpo que iban a recuperar era el del padre Camilo Torres Restrepo.
La hora de iniciar había llegado: eran las 8:45 de una mañana calurosa en Bucaramanga. El antropólogo se subió a una escalera. Mientras retiraba con su maceta y cincel una tapa de cemento, pensaba en las características físicas del padre desaparecido en el marco de las hostilidades en 1966. Era un hombre alto, de contextura ancha, tenía 37 años. Al momento de su fallecimiento, recibió al menos dos impactos por proyectil de arma de fuego. Lo primero que debía verificarse era si el hallazgo de la inhumación podía corresponder a las características del padre Camilo y a las circunstancias de su deceso y posterior disposición. Cuando se retiró la placa, el equipo encontró un cofre fabricado en madera, pintado de color café oscuro y con labrado de arabescos.

Se extrajo cuidadosamente el contenido de la bóveda y al extenderlo sobre la mesa se encontraron estructuras óseas que corresponderían a por lo menos tres personas. Sin embargo, entre el conjunto, algunas sobresalían por sus características y parecían sugerir concordancia con la hipótesis de identidad del padre Camilo Torres Restrepo, entregada por algunos de los 5.186 aportantes de información con los que cuenta hoy la Unidad de Búsqueda. Los hallazgos fueron entregados al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses para iniciar el respectivo proceso de individualización e identificación. Para mantener la confidencialidad y reserva, desde ese primer día el hallazgo fue denominado ‘Caso X’, del que muy pocas personas tuvieron conocimiento.
La complejidad de la identificación
Con la evidencia entregada por la Unidad de Búsqueda, profesionales del Instituto de Medicina Legal iniciaron el abordaje técnico-científico, que incluyó análisis antropológicos para la individualización y primera asociación de las estructuras, así como la toma de muestras óseas para estudio genético. Entretanto, la investigación de la Unidad de Búsqueda condujo al Cementerio Central de Bogotá para extraer material genético de los cuerpos del padre, el tío y las abuelas materna y paterna del padre Camilo Torres Restrepo y avanzar en la consecución y cotejo de esos perfiles genéticos.
Todos los elementos estaban dispuestos para avanzar en la construcción del perfil genético. Sin embargo, en ese primer ejercicio los resultados no fueron los esperados: el Instituto de Medicina Legal reportó que los análisis practicados no permitieron obtener material genético que pudiera corresponder al padre Camilo Torres Restrepo, debido a la presencia de inhibidores, es decir, sustancias que impiden la amplificación del ADN y que se hallaban en las estructuras óseas.

«Un cuerpo que ha permanecido casi seis décadas inhumado, primero en tierra y luego en una bóveda, sufre procesos de degradación normales en un país con climas húmedos y suelos ácidos, además de las técnicas de tanatopraxia que se practican para la conservación de los cuerpos. Todo ello hace que conseguir material genético sea mucho más complejo», indicó la directora de la UBPD.
El contexto en los hallazgos y la innovación en la identificación
Ante este dictamen, la Unidad de Búsqueda conformó un equipo interdisciplinario especializado para practicar un nuevo abordaje médico, antropológico, odontológico y genético de las estructuras óseas recuperadas.
Los análisis enriquecieron la individualización y reasociación de las estructuras, fortaleciendo la hipótesis de identidad en relación con el perfil biológico y las presuntas circunstancias de fallecimiento: se trataba de un cuerpo de sexo masculino, con una estatura entre 1,78 y 1,86 metros, con un rango de edad entre los 34 y 55 años, así como determinadas características óseas que daban cuenta de que su lado predominante era el derecho. Esto último aumentaba el interés, ya que se reconstruyó que el padre Camilo Torres Restrepo era diestro. Adicionalmente, algunas alteraciones en la pelvis y en una de sus escápulas podrían corresponder con la posible causa de muerte reportada en el acta de levantamiento del cuerpo.

Todos estos avances sugerían que, en efecto, se trataba del hombre nacido el 3 de febrero de 1929 en Bogotá y que décadas después cofundó la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia. Por ello, se buscaron otras alternativas para avanzar en el perfil genético. Después de analizar opciones en el mundo, uno de los genetistas de la Unidad de Búsqueda viajó con nuevas muestras a un laboratorio ubicado en Texas, en Estados Unidos, especializado en análisis de material genético complejo. El objetivo era determinar en qué estructuras óseas era más probable obtener material para hacer el cruce. Los estudios establecieron que, aunque la cantidad de ADN era baja, había mayor probabilidad de obtener coincidencias y amplificación en las extremidades inferiores.
Con estos resultados, se extrajeron y enviaron nuevas muestras al Instituto de Medicina Legal. Días después se recibió la respuesta, tras un proceso que se extendió por más de un año y medio:
«El 19 de enero de 2026, el Instituto de Medicina Legal, en una mesa técnica, señaló que los análisis preliminares mostraban una coincidencia biológica entre el material genético del fragmento óseo de uno de los individuos recuperados y el del señor Calixto Torres, padre del sacerdote Camilo Torres Restrepo. En estos estudios se reveló que era 1.230 millones de veces más probable que el señor Calixto fuera el padre de uno de los cuerpos hallados por la Unidad de Búsqueda a que no lo fuera».
Luz Janeth Forero Martínez, directora general de la UBPD
La persistencia, la innovación, la combinación de distintas técnicas forenses, el análisis del contexto y las diferentes líneas de evidencia genética y no genética, así como la comparación con diversos hallazgos, permiten confirmar que uno de los 4.333 cuerpos que la entidad ha recuperado desde su creación corresponde al padre Camilo Torres Restrepo.
El camino de búsqueda
Los intentos de búsqueda del padre Camilo Torres Restrepo, impulsados durante estos 60 años por familiares, colectivos y organizaciones de la sociedad civil, se fortalecieron cuando en 2019 el sacerdote Javier Giraldo presentó ante la UBPD la solicitud formal de búsqueda de su cuerpo. Era una de las primeras solicitudes que recibía la entidad y correspondía a uno de los primeros casos de desaparición en el marco del conflicto armado colombiano.
Durante los años siguientes, la investigación se consolidó mediante la formulación de hipótesis de localización a partir de la consulta de fuentes documentales, medios de comunicación, publicaciones académicas, literatura de la época y fuentes testimoniales. Tras el hallazgo, y cuando para el equipo se pasó «de la incertidumbre a la esperanza», la persona buscadora fue informada permanentemente sobre el avance del proceso de identificación, garantizando así su derecho a la participación.

El padre Javier Giraldo, reconocido por su tono pausado y su mirada tranquila, destacó lo que representa este momento no solo para él, sino para toda la sociedad que se ve reflejada en el padre Camilo Torres Restrepo.
«Sus características le dan mayores posibilidades de éxito a esta búsqueda, que interesa a una franja importante de la población colombiana y, especialmente, a los movimientos sociales de base y a buena parte de la intelectualidad y del cristianismo nacional”, señaló el sacerdote Giraldo.
De esta manera, en el sitio 34 intervenido en el cementerio Campohermoso de Bucaramanga por el equipo de Santander de la Unidad de Búsqueda —donde se ha logrado la recuperación de 65 cuerpos—, la bóveda hoy está vacía. El cuerpo del padre Camilo Torres, que durante casi seis décadas permaneció como no identificado, ya tiene un lugar para ser dignificado por sus seres queridos y allegados.