Se estima que 670 cuerpos ubicados en el cementerio municipal de Palmira, en el Valle del Cauca, podrían estar relacionados con la desaparición de personas en el contexto del conflicto armado. Aunque esta cifra se constituye en una de las más altas en materia de desaparición en los camposantos del departamento, la búsqueda no depende exclusivamente de exhumar y recuperar estructuras óseas. La búsqueda de las personas desaparecidas implica, ante todo, una investigación rigurosa previa a cualquier exhumación.
Palmira es un municipio cuya ubicación geográfica ha determinado, en gran medida, la manera en que el conflicto armado se ha desarrollado y, de la misma manera, su impacto en la desaparición de personas. La cercanía con la cordillera Central y la disputa permanente por los territorios han convertido este municipio en receptor de cuerpos de personas fallecidas en medio de las hostilidades o como consecuencia de ellas. Muchas fueron entregadas a sus seres queridos; otras quedaron a la espera de ser reclamadas o fueron inhumadas en el cementerio central como N. N. (ningún nombre).

Para abordar este gran reto, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) designó un equipo investigativo y forense encargado de recuperar e identificar, uno a uno, los casos que se encuentran en este camposanto. Tres antropólogos forenses, dos criminalistas, un topógrafo, una geógrafa y una investigadora humanitaria han trabajado durante dos años y un poco más para entender cómo, dónde y en qué orden se encuentra organizado el cementerio, con el propósito de dar respuestas a las familias que buscan a sus seres queridos y presumen que puedan estar allí.
El primer paso es entender el cementerio. Para esto se evalúan documentos digitales y físicos que registran cómo y en qué año fueron dispuestas las personas en cada una de las fosas en tierra. Sin embargo, este ejercicio está lejos de ser un simple análisis documental: el papel y el contexto distan, cambian y varían, así como las condiciones del conflicto armado que impactaron a Palmira.
Después de realizar un análisis minucioso de cuántas y quiénes podrían ser las personas dispuestas en el cementerio, el equipo forense excavó, uno a uno, cada punto marcado con una cruz y que señalaba, sin mayores datos particulares, que en ese lugar se encontraba uno o más cuerpos. Esta disposición, a veces ordenada y otras alterada, representó un reto que el equipo de la UBPD asumió para recuperar 99 cuerpos en cuatro fases de intervención.

Cada uno de estos cuerpos recuperados fue sometido a diversos protocolos, aplicados según las características de su inhumación. Por ejemplo, para aquellos cuya identidad podría estar orientada por algún registro existente en el Instituto Nacional de Medicina Legal —necrodactilia, carta dental o alguna documentación que ofreciera pistas— se aplicaba el método de verificación por correspondencia, para tratar de identificar de manera más rápida.
Para aquellos cuya identidad no era certera, se procedía a identificar elementos contundentes que permitieran establecer si tuvieron o no una muerte violenta asociada al conflicto armado. De esta manera, se comenzaba a indagar con aportantes de información si, con los datos que el cuerpo arroja, la persona podría pertenecer o no a algún grupo armado estatal o no estatal y, aunque este método es más dispendioso, puede lograr establecer la identidad de la persona.

Las labores de identificación aún no terminan. Cada cuerpo es un enigma por resolver: algunos más complejos que otros, pero todos con la misma esperanza de algún día ser entregados a sus familias. Afortunadamente, en caso de encontrarse, no harán parte de aquellos anaqueles que permanecen en el olvido; serán dispuestos en Repositorios de memoria, construidos y pensados junto a familias que buscan, firmantes del Acuerdo de Paz y comparecientes de la Fuerza Pública.