El silencio fue el primero en manifestarse. En una de las salas dispuestas para la entrega digna, la familia de Sugey Arrigui Arrigui tuvo un espacio íntimo para encontrarse nuevamente con ella. No hubo discursos. Solo el tiempo necesario para abrazarse, llorar y comenzar un duelo que permaneció suspendido durante años.
La entrega digna continuó con un espacio en el que la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) reconstruyó el camino que permitió encontrarla e identificarla. Finalmente, una eucaristía y la inhumación en el cementerio municipal de Mocoa, en Putumayo, cerraron un recorrido que la familia nunca imaginó realizar. No era solamente una ceremonia. Era el regreso de Sugey a casa.
Sugey desapareció en 2006 y perdió la vida en 2012 en hechos asociados al conflicto armado en San Agustín, en el Huila. Aunque su familia fue informada de su fallecimiento, las condiciones de violencia impidieron que pudiera reclamar su cuerpo. El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses la inhumó como cuerpo no identificado y su rastro se perdió durante catorce años más.
La historia comenzó a cambiar en diciembre de 2024, cuando la Unidad de Búsqueda recuperó su cuerpo durante una intervención humanitaria en el cementerio San Antonio de Padua del municipio huilense de Pitalito.
Isaac Giraldo, investigador humanitario del equipo de la UBPD en el Huila, recordó: «Este caso es muy especial para nosotros por todo lo que implicó la investigación. Gracias a la información que el Instituto de Medicina Legal pone en los cuerpos, logramos ubicar su respectivo protocolo de necropsia y, con el trabajo articulado con la Corporación Humanitaria Reencuentros y aportes de información de firmantes de paz, logramos orientar la identidad de Sugey y poder establecer contacto con su familia en articulación con el equipo de la entidad en Putumayo».

Cuando el proceso terminó, el objetivo ya no era encontrar a Sugey. Era llevarla de regreso con sus familiares. Para Rosalba Arrigui, su hermana mayor, la entrega digna significó despedirse de una forma que nunca habían podido hacerlo.
«Hace 14 años no tuvimos la oportunidad de decir: nosotros le dimos sepultura a mi hermana (…) Al tener un ser querido desaparecido, uno logra tener la esperanza de algún día volverlo a tener con vida; eso es lo que más me duele. Pero también tengo la certeza de que un día nos reencontraremos con Cristo. Gracias, señores, por habernos ayudado», dijo Rosalba.
Su hermana menor, María Estela Arrigui, resumió el sentimiento que dejó el reencuentro y describió el contraste entre el alivio y la tristeza. «Uno no sabe qué siente, porque uno siente alegría, pero también siente nostalgia. Uno se consuela al saber que al menos sí se encontró, que sí apareció por algún lado y que sí es ella».

Para su padre, Ramón Arrigui, lo más valioso fue el compromiso del equipo humanitario. «Lo que más me resalta es la voluntad que han tenido ustedes con nosotros. Nos hicieron conocer, nos entregaron, nos ayudaron. Yo esto lo tengo como una bendición de Dios».
Ese día, en Mocoa, la incertidumbre dejó de ocupar el lugar donde durante años había estado Sugey. Ahora su familia sabe dónde está. Tiene un lugar para visitarla. Una bóveda donada por la Alcaldía Municipal. Y, aunque ninguna entrega digna puede borrar el dolor de la desaparición, sí puede devolver algo profundamente humano: la posibilidad de despedirse.
Si tiene un ser querido desaparecido, acérquese a las oficinas de la Unidad de Búsqueda en Mocoa, ubicadas en la calle 14 # 7-15 (barrio Olímpico); o comuníquese a la línea telefónica 3162851395. Todas las investigaciones de la Unidad de Búsqueda son humanitarias, extrajudiciales y confidenciales.