Después de 22 años, ocho meses y un día, la familia de James Silva Duque finalmente recibió su cuerpo, gracias a la entrega digna realizada por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD). Martha, su esposa; Fermín, su hermano; Teresita, su madre; sus hijos y demás seres queridos encontraron en esta entrega un acto de reparación y reconciliación.
James nació en 1964. y fue el tercero de cinco hermanos. Amaba el fútbol, tenía un gran sentido del humor y era melómano: Roberto Carlos, Juan Gabriel y Raphael eran sus artistas favoritos, aunque también disfrutaba con pasión del vallenato, especialmente de las canciones de Diomedes Díaz, Rafael Orozco y Otto Serge.
«Después de todo este tiempo, te hemos encontrado. ¡Lo logramos! No fue la forma soñada, porque queríamos encontrarte vivo, pero ahora podemos descansar. La incertidumbre y el dolor por no saber dónde estabas terminan hoy. A la Unidad de Búsqueda, la quiero invitar a seguir adelante porque, así como hoy estoy feliz, deseo que muchas otras familias puedan disfrutar del derecho a darles una sepultura digna a sus seres queridos», expresó don Fermín, vestido con traje negro y corbata, rodeado por los profesionales de la Unidad de Búsqueda, el Instituto de Medicina Legal y la Unidad para las Víctimas durante la ceremonia de entrega digna en Bogotá.
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Este anhelado momento es el resultado de un largo trabajo. En 2023, la Unidad de Búsqueda recuperó el cuerpo de James en las montañas del municipio de San Juanito, en Meta. Para llegar a ese territorio, ubicado al noreste de Villavicencio, se debe salir por la vía a Fómeque y continuar hacia La Paila, hasta llegar al Parque Nacional Natural Chingaza. Son cerca de seis horas por carretera hasta el casco urbano, pero el camino no termina allí.
Para llegar al lugar donde se adelantó la acción humanitaria y extrajudicial de recuperación del cuerpo de James, se debe realizar una caminata adicional de tres horas. Dos mulitas fueron necesarias para trasladar los equipos forenses por las empinadas montañas llenas de lodo y piedras resbalosas.
Junto con Amparo Ariza, la antropóloga líder; un topógrafo, un criminalista y un fotógrafo se conformó el equipo forense que lideró esta acción humanitaria. También acompañaron Diana Viveros, coordinadora del equipo de la UBPD en Meta; una investigadora y un representante de la Corporación Humanitaria Reencuentros -organización integrada por firmantes del Acuerdo de Paz de 2016- , quien entregó las coordenadas aproximadas del lugar donde se encontraba el cuerpo de James. Los aportes de la comunidad también fueron determinantes para la recuperación.
La exploración en terreno o prospección se desarrolló en un bosque frondoso y denso (bosque alto andino o bosque húmedo de montaña), de vegetación formada por árboles de gran altitud, además de arbustos, hierbas, hojarasca y maleza. Ya en el terreno se definió un área de interés para la búsqueda de 2.322 metros cuadrados aproximadamente, dividida en cuatro cuadrantes.

Las características del terreno impidieron que la familia de James estuviera físicamente durante la prospección, aunque los 117 kilómetros de distancia, desde San Juanito a Bogotá, no impidieron que Martha y Fermín se sintieran presentes. La esposa entregó una vela con la foto de James y pidió que todos los días se hiciera una oración en el espacio para intervenir. De fondo, siempre se escucharon canciones que evocaban su historia de amor -como ‘El triste’ de José Jóse-. Pese a las dificultades de conectividad, WhatsApp se convirtió en el principal medio de comunicación: a través de fotos, audios y vídeos, los seres queridos de James se enteraban todos los días de lo que sucedía en terreno.
«Estamos aquí con toda la actitud, con el corazón, el cuerpo y el alma, deseando que el señor James pueda aparecer. Ya hablamos con la familia y nos envían toda su buena energía para que tengamos los mejores resultados», repetía la antropóloga Ariza constantemente durante las jornadas de búsqueda.
Después de varios días de búsqueda, el cuerpo de James no aparecía. El reloj empezó a correr en contra, por lo que el equipo decidió ampliar la labor un día más. Las guadañas, los machetes, los azadones y los rastrillos se escuchaban con intensidad. Se abrían huecos de hasta un metro de profundidad, mediante una metodología conocida como pozos de sondeo, para evidenciar alteraciones en la tierra. Casi todos los cuadrantes estaban intervenidos. Las oraciones de la familia se intensificaron.

En la última noche de la acción humanitaria, una de las integrantes del equipo soñó con un lugar donde supuestamente estaba el cuerpo de James. Al día siguiente, se le envió el reporte a la familia con las expectativas para el último día de intervención, a lo que Fermín respondió: «Hoy es el día, los tiempos de Dios son perfectos». Con esas palabras retumbando en su cabeza, esta persona le consultó a la antropóloga si era posible abrir un hueco adicional en el punto que había soñado, la respuesta fue positiva y se abrió un pozo de sondeo.
A los 60 centímetros, se encontró un pedazo de tela. Rápidamente llegó la antropóloga y pidió ampliar un poco más el campo. Después de excavar, se encontró la primera estructura ósea, que evidenció, después de siete días de trabajo, el hallazgo de un cuerpo que tenía todas las características de James. Su ropa y zapatos eran los que la familia habían descrito en los relatos entregados. Para Fermín y Martha este hecho les demostró que, pese a no estar físicamente en el lugar, su anhelo de encontrarlo permitió el hallazgo.
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A mediados de 2025, James fue despedido por sus seres queridos en una ceremonia católica, respetando sus creencias y tradiciones. Su hermano, su esposa, su mamá y toda la familia saben ahora que su cuerpo está en la bóveda 298 de un cementerio de Bogotá.
Alberto Moreno, coordinador de la Unidad de Búsqueda en Bogotá y del equipo que lideró esta entrega digna, destacó la importancia de la participación de la familia de James, así como del acompañamiento a esta durante todo el proceso: «En este caso, teníamos la particularidad de que la persona buscadora estaba en Santa Marta, la familia de James se encontraba en Bogotá y la investigación era liderada por el equipo del Meta. Entonces, se evidencia cómo la entidad dispone de distintas metodologías de articulación para facilitar estos espacios, así como para lograr que la entrega digna se desarrollará según sus necesidades».

Buscando respuestas por dos décadas
James era abogado de la Universidad Gran Colombia. En febrero de 2002 ingresó al Área Administrativa de la sede Florencia, en Caquetá, de la Fiscalía General de la Nación. Seis meses después, movido por el deseo de estar más cerca de su familia, fue trasladado a Villavicencio, en Meta. Llegó allí el 4 de septiembre y se posesionó dos días después. Su esposa recordó que estaba muy emocionado, pues pocos días después iniciaría funciones.
«Pero todo cambió el 7 de septiembre. Me dijo que almorzaría con unos amigos en Restrepo (Meta) y que en la noche me llamaría para contarme cómo le había ido. Lamentablemente, esa llamada nunca llegó. Como dice la canción: ‘Nos dieron las 10 y las 11…’, recuerda Martha, con la voz entrecortada
Para su esposa, el recuerdo del día de su desaparición, ese que cambió su vida, sigue presente. «A la 1:00 a. m., la señora Teresita -madre de James- me llamó para contarme que, en el camino de regreso a Villavicencio, él había sido retenido por unos hombres y se lo habían llevado», relató doña Martha.

Desde aquel momento, la familia no cesó en la búsqueda de respuestas. Denunciaron ante las autoridades, enviaron mensajes a medios de comunicación e incluso le dirigieron una carta al papa Juan Pablo II, con la esperanza de que su intercesión les ayudara a encontrarlo. Los años pasaban y no encontraban las respuestas que esperaban. Sin embargo, nunca perdieron la esperanza de que James se encontrara con vida y que un día entrara por la puerta de la casa donde estaban todas sus cosas y recuerdos.
«Nunca perdí la fe. En agosto de 2020 acudí a la Unidad de Búsqueda, que fue la entidad que me dio esperanza y me abrió las puertas para seguir buscando», afirmó la esposa de James. Tras su solicitud, comenzó una investigación humanitaria y extrajudicial liderada por la entidad. La revisión de notas de prensa, los diálogos con comunidades, los encuentros con la Cruz Roja Internacional y la colaboración de la Corporación Humanitaria Reencuentros fueron determinantes para encontrar respuestas.
«Este fue un proceso que adelantamos como firmantes del Acuerdo de Paz comprometidos tanto con la búsqueda de las personas desaparecidas como con aportar a las demandas de las víctimas del conflicto; armado. En esa vía, desde 2018, recorrimos en diferentes oportunidades el área para poder contribuir de manera efectiva a las demandas de las familia buscadora. Estos resultados nos reafirman la necesidad de seguir contribuyendo en la búsqueda como parte de las acciones restaurativas», indicó Jhon León González, director de la Corporación Humanitaria Reencuentros.

Finalmente, y tras las distintas contribuciones y hallazgos, según explicó Diana Paola Viveros, coordinadora del equipo del Meta de la UBPD y líder de esta investigación humanitaria y extrajudicial, se determinó que James Silva Duque tenía 37 años al momento de su desaparición, que fue retenido y trasladado desde Restrepo hasta San Juanito, donde permaneció en cautiverio durante aproximadamente ocho días, y que posteriormente falleció en hechos relacionados con el conflicto armado y su cuerpo fue inhumado en una fosa individual, en la vereda San Roque.
Esta acción humanitaria se adelantó en el marco del Plan Regional de Búsqueda Villavicencio y Piedemonte. Meta es el segundo departamento del país con más casos de personas desaparecidas, con un universo en construcción de 9.296 casos.