La historia de Óscar Avellaneda Rodríguez es la de una familia que nunca dejó de buscar. Desaparecido en 2007 en un caso relacionado con las ejecuciones extrajudiciales investigadas por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), él permaneció durante años como cuerpo no identificado en el Cementerio Municipal de Aguazul, en Casanare. Gracias al trabajo articulado entre la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), la JEP, la Fiscalía General de la Nación y el Instituto Nacional de Medicina Legal, su identidad fue restablecida y regresó dignamente a sus seres queridos.
Durante casi dos décadas, la familia de Óscar convivió con una ausencia que nunca dejó de convertirse en pregunta. ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado con él? ¿Por qué nunca regresó? Aunque el tiempo avanzó, la búsqueda no se detuvo.
El 2 de diciembre de 2024, su hermano Nelson Avellaneda Rodríguez y su padre, Ciro Humberto Avellaneda Albañil, acudieron a la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) para solicitar formalmente su búsqueda. Para la familia, sin embargo, esta lucha había comenzado mucho antes: el día en que Óscar desapareció, el 10 de enero de 2007.

La historia de Óscar hace parte de uno de los capítulos más dolorosos del conflicto armado en Colombia. De acuerdo con las investigaciones adelantadas por la JEP, su caso está relacionado con las ejecuciones extrajudiciales, conocidas en el país como ‘falsos positivos’, hechos en los que civiles fueron asesinados y posteriormente presentados como bajas en combate.
Mientras avanzaban los procesos de esclarecimiento judicial, su familia continuó buscando respuestas. Paralelamente, la investigación humanitaria y extrajudicial adelantada por la UBPD seguía otra ruta: la de encontrar su paradero y devolverlo a sus seres queridos.
Esa búsqueda condujo hasta el Cementerio Municipal de Aguazul, en el Casanare. Allí, en el marco de la investigación institucional denominada ‘Cuerpos dispuestos en el Cementerio de Aguazul 1997-2008’, la UBPD identificó este camposanto como un lugar de interés forense debido a la existencia de información sobre posibles inhumaciones de personas desaparecidas en el contexto del conflicto armado.

De acuerdo con la documentación forense consultada, el mismo 10 de enero de 2007 fue practicada la necropsia a un cuerpo masculino no identificado recuperado en zona rural de Aguazul. Tras los procedimientos realizados por el Instituto de Medicina Legal, el cuerpo fue inhumado en el cementerio municipal sin que pudiera establecerse su identidad. Durante años permaneció allí como un cuerpo no identificado, mientras su familia seguía preguntándose qué había sido de él.
Años después, las acciones humanitarias desarrolladas por la Regional Oriente y el equipo en Casanare de la UBPD en el Cementerio Municipal de Aguazul permitieron recuperar este cuerpo junto a otros que posteriormente fueron trasladados al Instituto de Medicina Legal en Villavicencio para avanzar en los procesos de identificación.
El 11 de diciembre de 2025, la identidad de Óscar Avellaneda Rodríguez fue plenamente establecida. A partir de ese momento, la UBPD inició las gestiones de articulación con la JEP, Medicina Legal y demás entidades involucradas para hacer posible su entrega digna a la familia.
La confirmación representó el fin de años de incertidumbre. Durante el acto de entrega digna, acompañado por el equipo de Bogotá, Cundinamarca y Amazonas de la UBPD y realizado en el municipio de Mesitas del Colegio, en Cundinamarca, su hermano Nelson Avellaneda expresó el significado de ese momento en declaraciones recogidas por la JEP: «Es un descanso enorme para nosotros como familia».

Sus palabras condensan una espera de casi 18. Una espera atravesada por preguntas, silencios y la esperanza persistente de encontrar alguna respuesta.
La entrega digna de Óscar no solo permitió que regresara con los suyos. También representa el resultado de una búsqueda humanitaria que hizo posible reconstruir su historia, recuperar su identidad y acompañar a su familia en un proceso largamente esperado.
Casos como el de Óscar Avellaneda Rodríguez recuerdan que la búsqueda no termina con el paso del tiempo. Por el contrario, cada identificación demuestra que detrás de cada persona desaparecida hay familias que siguen esperando respuestas y que la búsqueda humanitaria continúa trabajando para encontrarlas.