Durante años, Jaime Esteve Bucama permaneció en el silencio. Su cuerpo, inhumado como no identificado en una bóveda del cementerio San José de Apía, en Risaralda, llevaba consigo una historia interrumpida, una ausencia sin respuestas y una familia que no dejó de buscar.
En un acto profundamente humano y cargado de significado, la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD), a través de su equipo en el Chocó y en articulación con los equipos regionales Noroccidente y Occidente, realizó la entrega culturalmente pertinente de Jaime Esteve Bucama a sus familiares, quienes lo esperaron durante años en medio de la incertidumbre.

Jaime nació el 15 de julio de 1986 en Tadó, en el Chocó. Su vida fue arrebatada de manera violenta y su cuerpo terminó lejos de casa, sin nombre, sin despedida y sin el ritual que honra la vida en su comunidad indígena.
Fue solo hasta el 2022, en el marco de una intervención humanitaria y extrajudicial en el cementerio de Apía, que su cuerpo fue recuperado de la bóveda 492, marcada como ‘N.N.’ desde 2016.
Lo que siguió fue un trabajo riguroso, silencioso y persistente: análisis forenses, cotejos dactiloscópicos, estudios antropológicos y la reconstrucción de su historia. Todo esto permitió confirmar su identidad y abrir el camino para un reencuentro esperado.

Pero fue un gesto sencillo, casi inmediato, el que logró conectar la historia con su familia: la difusión de un afiche en medios de comunicación y redes institucionales permitió que sus seres queridos lo reconocieran. En cuestión de minutos, la Alcaldía Municipal de Tadó confirmó su localización y la búsqueda dejó de ser una posibilidad para ser una certeza.
Desde ese instante, el proceso avanzó de la mano de sus seres queridos y de sus autoridades, definiendo no solo el cuándo, sino el cómo debía darse su regreso. Porque en el Chocó, y especialmente en las comunidades étnicas, la despedida no es solo un acto, es un ritual que repara, que reconecta y que dignifica.
«El dolor sigue siendo grande, pero hoy sentimos un profundo alivio al saber que podemos despedir a mi papá dignamente. Nunca imaginamos que estuviera muerto, siempre lo esperamos con vida. Gracias a la difusión de su fotografía logramos encontrarlo. Ahora, queremos decirle a otras familias, especialmente a nuestro pueblo embera, que se acerquen a la Unidad de Búsqueda, porque este es un derecho de todos», dijo Gloria Esteve Querama, hija de Jaime.

La entrega de Jaime se realizó aplicando los protocolos de relacionamiento con los pueblos indígenas, respetando sus prácticas culturales, en un espacio íntimo y significativo, donde su familia pudo finalmente recibirlo y despedirlo en el Cementerio Municipal San Bernabé de Tadó.
Este proceso hace parte de la estrategia de Búsqueda inversa, una acción humanitaria que busca encontrar a las familias de personas cuyos cuerpos fueron identificados, pero nunca reclamados, para devolverles no solo un nombre, sino también la posibilidad de cerrar un ciclo de dolor.
«Con esta entrega, queremos ratificarle al Chocó y a Colombia que la Unidad de Búsqueda continúa cumpliendo su mandato. La historia de Jaime Esteve Bucama es también la historia de muchas familias en nuestro país, que pese al paso de los años siguen esperando respuestas. Su regreso no borra la ausencia, pero transforma el dolor en alivio», enfatizó Yaneth Casas Dunlap, coordinadora del equipo de la UBPD en el Chocó.

Hoy Jaime deja de ser un registro sin nombre.
Hoy vuelve a ser parte de su familia, de su comunidad y de su territorio.
Hoy, finalmente, regresó a casa.