No pudo cargar a todos sus hijos. Pero cada noche, en algún lugar del Bajo Atrato, en el Chocó, Pedro Alfonso Alvarado Zabaleta pensaba en ellos. En sus seis hijos, en un futuro distinto. «Recuerdo que tenía diez años la primera vez que lo vi y luego lo volví a ver a los 13 años. Fueron poquitos los días que compartí con él. Pero nada, el destino le quitó la vida ocho días antes de volverlo a ver», narró Yesica Alvarado Ospina, hija mayor de Pedro. «Por eso digo que siento que la vida me debía este momento».
Pedro desapareció en 2012 en Bojayá, en el Chocó, durante un bombardeo en medio del conflicto armado. Después de 14 años, su nombre volvió a escucharse en un cementerio. Esta vez, para quedarse.
La tarde empezó en la vereda. Allí, en un rincón de Nuevo Belén de Bajirá, en el Chocó, familiares y amigos se reunieron en una ceremonia privada, íntima, con la ternura que solo tienen los reencuentros que tardaron demasiado. Después, caminaron juntos. Sin prisas. Como queriendo acompañar a Pedro Alfonso hasta el final, hasta el cementerio del casco urbano. Entre cruces mudas y flores marchitas, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) hizo entrega digna de su cuerpo.
Fue su madre, Nicolasa Zabaleta, quien movió la tierra con una solicitud formal de búsqueda en 2024. Ella nunca creyó en la desaparición como punto final. Los equipos técnicos de la UBPD empezaron a hilar memoria: consultaron bases de datos, libros de defunción, necropsias e hicieron entrevistas a quienes aún recordaban. Hasta que una pista los llevó a una bóveda olvidada en el cementerio Central de Apartadó, en Antioquia: la bóveda B59 del pabellón Ángel de Mi Guarda 1.

«Hace dos años recibimos la solicitud de su madre y otros familiares», relató Lisdey Salazar Santos, funcionaria de la UBPD que acompañó el proceso. «Les tomamos muestras de ADN: a su madre, a uno de sus hermanos y a un hijo de Pedro. Eso permitió agilizar la búsqueda. Luego, las entrevistas y las consultas nos llevaron hasta el municipio de Apartadó».
El 13 de junio de 2024, la familia estuvo presente durante la exhumación. Vieron cómo los forenses elaboraron el informe post mortem. Vieron cómo la ciencia, por fin, les devolvía la esperanza. Las muestras de ADN viajaron al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Los análisis hablaron: sí, era Pedro Alfonso.
Nicolasa relató que ellos aún sienten un dolor muy grande como si fuera el primer día, pero que al menos hoy tienen la esperanza de ver su cuerpo por última vez. Ella, junto con los hermanos, las hermanas, los hijos y las hijas de Pedro, no cesó en la búsqueda. Ni cuando el orden público se volvía amenaza. Ni cuando los años pesaban.

La UBPD reiteró su compromiso de continuar con la búsqueda de las demás personas reportadas como desaparecidas en la subregión del Bajo Atrato y reconoció la perseverancia de la familia Alvarado Zabaleta, cuya tenacidad permitió que Pedro Alfonso pudiera ser sepultado con dignidad y con su nombre inscrito en la bóveda en el camposanto de Nuevo Belén de Bajirá, municipio que hace parte del Plan Regional de Búsqueda del Bajo Atrato, una zona donde cerca de 1.000 personas continúan en condición de desaparición antes del 1 de diciembre de 2016.
Para la UBPD, este tipo de restituciones contribuyen a aliviar el sufrimiento de las familias y a restaurar, en parte, la verdad y la memoria histórica. Por eso, la entidad invita a todas las personas que tengan familiares desaparecidos o dispongan de información que permita encontrar a una persona desaparecida a comunicarse con el equipo de la Unidad de Búsqueda en Urabá, Bajo Atrato y el Darién por medio de la línea telefónica 3162842561.