El cementerio estaba lleno de flores. Había personas, voces conocidas, abrazos largos, ojos lagrimosos y muchas miradas que se cruzaban entre sí en señal de consuelo. Habían convivido inmersos en un dolor profundo por la ausencia de Agustina durante 24 años. El cuerpo permanecía inerte en un pequeño cofre. Su familia sabía que estaba allí, que había llegado a encontrarse con ellos, luego de una acción humanitaria desarrollada por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) en un cementerio del departamento del Tolima.
Ese momento, de muchas emociones encontradas, con llanto y consuelo, que duró menos de una hora, fue suficiente para inhumar el cuerpo en una bóveda del cementerio del municipio de La Paz, en el Cesar. Agustina la describieron como una joven risueña, amorosa con los suyos, servicial, comilona, llena de sueños y esperanzas de ser una gran profesional. Ilusiones que el conflicto armado truncó. Para dar ese último adiós se abrazaron familiares, amigos, vecinos y comunidad, que en vida compartieron su historia y en la desaparición lloraron su ausencia.
En su mente hacían reminiscencia de una Agustina diferente: la hija, la amiga, la vecina que le gustaba reír y hacer chistes, la persona que siempre ayudaba y apoyaba a los demás, la niña que vivió sin prisa y cuando mujer, soñaba con un futuro feliz, alguien que dejó huellas en quienes la conocieron. Porque los recuerdos de las personas no se van en un cofre, se quedan con los suyos.
«Yo soñaba encontrar a mi hija en una casa, que saliera y me abrazara, pero no fue así. Ya mi hija había fallecido», dice la mamá mientras el llanto inunda sus ojos. Ese momento fue difícil de descifrar. Había tristeza, porque la espera no terminó con el abrazo que su mamá había imaginado. Pero también había algo parecido a la paz que se siente cuando se encuentran las respuestas a tantos años de incertidumbre.
Para la Unidad de Búsqueda, la presunción de encontrar a las personas con vida es la génesis de los procesos, mientras que para las familias encontrarlas con vida es aferrarse a la fe, la certeza de lo que se espera, darse ese abrazo infinito. Un regreso con pasos, con palabras, con vida. Pero el conflicto armado había escrito otro final para la historia de Agustina. Una que comenzó 24 años atrás y que obligó a su familia a caminar detrás de las pocas pistas que aparecían, a preguntar, a buscar, a insistir. A sostener la memoria cuando el paso del tiempo amenazaba con convertir su ausencia en silencio.

Las familias buscadoras no solamente esperan. Buscan en los lugares donde alguien dijo haberla visto, en las historias que alguien recuerda, en los caminos que alguna vez recorrió y en la memoria de quienes estuvieron cerca. Buscan desde un amor para evitar dar por terminada una historia cuando todavía falta una respuesta.
Las acciones humanitarias adelantadas por la Unidad de Búsqueda en el departamento del Tolima permitieron recuperar en 2024 el cuerpo en el cementerio. Luego de un proceso de confirmación de identidad, se organizó la entrega digna. Agustina regresó con su nombre, con su historia, con la dignidad que nunca perdió y para cerrar un ciclo de dolor y búsqueda que había cargado su familia a cuestas.
La desaparición de una persona es mucho más que su ausencia. Es una vida que merece ser recordada por lo que fue, por lo que significó y por los vínculos que construyó. Por eso, aquel día no se despidió únicamente un cuerpo, se honró, se dignificó su historia y se abrió un espacio para el duelo, un derecho tantas veces aplazado para quienes no saben dónde está su ser querido.

La Unidad de Búsqueda acompaña a las familias desde un carácter humanitario y extrajudicial. Escucha sus historias, protege la información que recibe y adelanta acciones de búsqueda sin cuestionar a la persona desaparecida, sin atribuir responsabilidades y sin convertir el sufrimiento de las familias en una investigación sobre sus vidas. Busca respuestas ante la desaparición y contribuye a que las familias puedan saber qué ocurrió con sus seres queridos desde la dignificación y en toda su dimensión: nombre, identidad, vida, afectos, comunidad, cultura, creencias, territorio, sueños y proyectos de vida.
En el departamento del Cesar, el universo de desaparecidos supera las 4.600 personas, algunas nativas y otras que dadas las dinámicas del conflicto armado salieron de otras ciudades y desaparecieron en este departamento. Para buscarlas, la UBPD tiene dos Planes Regionales de Búsqueda activos que operan desde las lecturas de los territorios, la cosmogonía de sus gentes y las incidencias de los actores armados. Son rutas de búsqueda trazadas en articulación con organizaciones de la sociedad civil, con familiares buscadoras, con la institucionalidad, con aportantes de información y con grupos poblacionales desde los diferentes enfoques diferenciales.
La búsqueda se hace con todos y todas. La entidad busca aliviar el sufrimiento de quienes tienen un ser querido desaparecido, desde el principio de la extrajudicialidad. Es decir, la UBPD no cuestiona, no juzga ni busca responsables. Cada persona desaparecida es un vacío que agudiza el dolor en una familia, en una comunidad, en un país y todas merecen ser buscadas. Protegiendo la identidad de quienes buscan y quienes aportan información desde la confidencialidad, sin intermediarios y completamente gratis.

Los canales para recibir información: la línea nacional 01 8000 162 226, a través del WhatsApp 3162783918 y las líneas locales 3167444722 y 3165243128. La oficina de esta territorial está ubicada en Valledupar, en la calle 12 # 5 – 45 barrio Novalito.