En Valledupar, 1.072 familias buscan a sus seres queridos que desaparecieron en el contexto del conflicto armado. Si a esta cifra se suman las personas desaparecidas en el departamento del Cesar, el dato se incrementa a 4.645 personas. A la par, en los 15 municipios del departamento vecino, La Guajira, 1.270 familias viven con la incertidumbre de no conocer el paradero de sus desaparecidos. Estas cifras salen del universo nacional que asciende a 137.00, según registros de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), entidad rectora de la búsqueda humanitaria, extrajudicial y confidencial en Colombia.
Son vidas que se cuentan por números y cada número es una historia que se lee y entiende de forma distinta. Las familias narran el dolor desde la experiencia que les tocó vivir por la ausencia de un ser querido y así lo entendió la Unidad de Búsqueda, por lo que diseñó rutas a través de Planes Regionales de Búsqueda, que entienden y atienden las dinámicas del conflicto armado que seguían patrones de desaparición distintos o similares, dependiendo la zona.
Las más de 5.900 familias que buscan a sus seres desaparecidos en estos departamentos del Caribe comparten el mismo vacío en sus vidas. El dolor que rasgó el tejido social de toda la comunidad cuando el conflicto irrumpió en sus hogares.

Luz Marina vive en un barrio de Valledupar, en el Cesar, muy cerca del río Guatapurí. Desde hace dos décadas, en su mesa siempre hay un puesto sin comensal y una silla que nadie ocupa; en el armario, la ropa organizada: la de su hijo menor. Ella forma parte de ese inmenso grupo de hogares impactados por el flagelo de la desaparición. 4.645 familias en el Cesar, que comparten el mismo vacío en la sala y en sus vidas.
A varias horas de Luz Marina, en la península de La Guajira, donde el viento arrastra el polvo del desierto con un destino incierto, vive Nayra, una joven Wayuu que busca a su hermano hace poco más de dos décadas. Ella representa a una de las más de 1.200 familias guajiras que miran el horizonte en la misma dirección y con la misma pregunta suspendida en el aire. ¿Dónde pueden estar? Aunque el conflicto armado trazó caminos distintos para llevarse a sus familiares, el dolor de ambas mujeres habla el mismo idioma y busca las mismas respuestas. Para ellas, el tiempo no avanzaba y aunque recorren kilómetros buscando y los vientos soplen en sentido contrario, de lo único que están seguras es que la adversidad no borra el dolor ni la esperanza de continuar.
Un día, a las comunidades de ambas mujeres llegaron personas que vestían uniformes de paz, chalecos de la búsqueda humanitaria y rostros de esperanza. Funcionarios de la Unidad de Búsqueda, que en medio de diálogos les expresaron: que no buscaban responsables ni hacían señalamientos, que su labor era humanitaria, altamente confidencial y directa con las familias. El ambiente cambió, el dolor parecía alivianarse. Algo similar a un salmo de esperanzas que aviva el deseo de continuar el camino acompañadas.

Con los funcionarios de la entidad, empezaron a caminar los cementerios anulando el sol cesarense casi calcinante. Recorrieron extensas zonas a campo abierto de la geografía guajira, cruzaron ríos, treparon montañas y caminaron calle por calle de ciudades con un claro objetivo: dar respuesta a Luz Marina, a Nayra y todas las familias que han confiado su proceso a la entidad, que han hecho la solicitud de búsqueda sin mucho trámite, gratis y guardando completa confidencialidad con la información recibida.
En La Guajira y Cesar, la Unidad de Búsqueda ha recuperado más de 350 cuerpos con señales del conflicto armado en sus estructuras. Aunque algunos continúan bajo la lupa de los Centros Integrales de Abordaje Forense e Identificación que abrió la entidad en siete ciudades del país, con el fin de agilizar los procesos de identificación, o en el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forense (entidad que trabaja de la mano con la UBPD para dar respuesta pronta a la identidad de los cuerpos), solo ha sido posible entregar dignamente alrededor de 30, los cuales reposan en su morada final bajo la custodia de sus familiares.
Luz Marina recibió dignamente un cofre que contenía el cuerpo de su hijo, a través de una ceremonia culturalmente pertinente con sus creencias religiosas. Si bien no fue el desenlace que ella soñó o esperó todos esos años, sintió que la sensación de vacío doloroso en su pecho se apaciguó. Agradeció el apoyo de la UBPD porque ahora tiene un sitio donde llorar a su hijo sin restricciones, llevar flores, rezar y conversar con él bajo el abrigo de las ramas de un árbol de cañaguate, aunque él no le responda. El acompañamiento de la entidad le permitió poner fin a años de duelo suspendido.

Mientras tanto, en La Guajira, el sol brilló de forma distinta y el desenlace fue consecuente a un milagro de vida. El hermano de Nayra fue una de las más de 500 personas que la UBPD ha encontrado con vida durante estos casi 10 años de ejercicio. Un abrazo entre hermanos aguó los ojos de los presentes en una ceremonia de reencuentro familiar y social, activó emociones, felicidad y permitió que el viento del desierto guajiro se llevará las lágrimas derramadas y reparara los corazones rotos con una reconstrucción de vínculo familiar que el conflicto armado había fragmentado.
El fin de cada proceso que adelanta la Unidad de Búsqueda es encontrar una respuesta que alivie el sufrimiento de las familias que hicieron la solicitud y confiaron en el trabajo de la entidad que, desde un enfoque humanitario y extrajudicial, buscan que las cifras se diluyen para transformarse en entregas y reencuentros. Cada persona desaparecida es una historia de vida que merece ser buscada con dignidad y respeto.
La búsqueda humanitaria de la UBPD no vincula a procesos judiciales, no busca responsables. Su propósito es encontrar, identificar y entregar. Sin importar el rol que haya tenido la persona en el conflicto armado, entendiendo que por cada persona desaparecida hay una familia sufriendo y todos y todas merecen ser buscados.

Con esa premisa se extiende la invitación a las comunidades que habitan en los 25 municipios del Cesar y los 15 de La Guajira: familias consanguíneas o sociales, organizaciones, entes territoriales, víctimas del conflicto y toda persona que tenga información sobre el paradero de alguien que esté desaparecido para que se acercarse a cualquiera de las 28 sedes de la entidad a nivel nacional a presentar la solicitud de búsqueda o entregar aportes de información que puedan ayudar a encontrar a quienes aún no regresan a casa. Cada dato es importante.
Escuchar, hablar, compartir información y acercarse a la Unidad de Búsqueda es dar un paso fundamental para encontrar respuesta, construir verdad y aliviar años de incertidumbre. Los canales de atención de la entidad en el Cesar y La Guajira son:
- Sede en Valledupar: calle 12 # 5 – 45 (barrio Novalito)
- Líneas telefónicas: 3167444722 y 3165243128