Cuando se llevaron a Nohemí, ella apenas tenía 16 años. Esa víspera del Año Nuevo del 2001 es para la familia Alfonso González un día que quisieran nunca haber vivido. Por 25 años padecieron el dolor de la ausencia y la intriga en el proceso de búsqueda de su desaparecida. Para comienzos de los años 2000, los municipios de Chámeza y Recetor, en Casanare, así como la provincia de Neira, en Boyacá, fueron el escenario de dolorosos y violentos hechos ocurridos en el contexto del conflicto armado.
Año tras año, los padres de Nohemí estuvieron golpeando puertas, visitando entidades, preguntando por aquí y por allá sobre el paradero de su hija, motivados por el amor que le tienen, con la esperanza de volverla a ver con vida algún día. El camino de la búsqueda los llevó hasta la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) en el 2020. Con la escasa información que tenían realizaron la solicitud de búsqueda de Nohemí y aportaron sus muestras genéticas, las cuales serían fundamentales para la identificación que se daría posteriormente.
Casanare y Boyacá: dos investigaciones para buscar a Nohemí
La investigación inició en Chámeza cuando la sede en Casanare de la UBPD recibió la solicitud de búsqueda presentada por la familia. Inicialmente se planteó la hipótesis del reclutamiento ilegal, sin que en ese momento se tuviera certeza sobre el destino al que se había enfrentado Nohemí.
Desde la sede de la UBPD en Boyacá se logró establecer que el cementerio municipal de Garagoa era un lugar de interés forense y que allí se encontrarían inhumadas siete personas que podrían corresponder a personas dadas por desaparecidas en el marco del conflicto armado.

Según Francisco Ramírez, antropólogo forense de la Unidad de Búsqueda en Boyacá, durante las intervenciones forenses realizadas en el cementerio se estableció que uno de los siete cuerpos recuperados, que permanecía desde hacía 22 años en una bóveda marcada como «N.N.», correspondía a una mujer cuya fecha coincidía con fallecimiento de Nohemí: «La comparación de las estructuras óseas recuperadas, documentos históricos, registros médico-legales y características físicas descritas por la familia fue lo que nos permitió encontrar coincidencias relacionadas con la edad, la estatura, el contexto de la muerte y otros rasgos relevantes para identificarla».
Este hallazgo permitió profundizar en la investigación con ayuda de documentos y testimonios hasta lograr establecer un nombre: Nohemí Alfonso González. Con la ayuda del Laboratorio de Genética del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses en Villavicencio se logró establecer la coincidencia entre las muestras genéticas de los padres de Nohemí y el cuerpo recuperado en el cementerio de Garagoa. Así se articuló ambas investigaciones: no hay lugar a dudas, se trataba de ella.
Pasaron 25 años, 4 meses y 22 días para que esta familia pudiera reunirse de nuevo. En un acto de profundo respeto y dignidad por la memoria de Nohemí, se realizó la entrega digna de su cuerpo a sus familiares. Esto ocurrió el 22 de mayo de 2026, en la sede de la Unidad de Búsqueda en Yopal, en Casanare, con la presencia de quienes más la amaron y a quienes ella más amó.

Finalmente, el cuerpo de Nohemí actualmente descansa en el Parque Cementerio de Yopal, donde recibió un homenaje religioso. «Esta familia tuvo que soportar el dolor de perder a una hija cuando apenas tenía 16 años, hoy estamos respondiendo varias de las preguntas que se hicieron por décadas, pidiéndole al departamento y al país que no se olvide de ella, ni de los más de 2.134 desaparecidos que seguimos buscamos en Casanare», afirmó Wilson Chavarro, coordinador de la UBPD en Casanare.
Hoy la madre y el padre de Nohemí saben donde está su hija. «Lo que más me duele es que hayan pasado tantos años sin que nadie nos dijera que ella estaba en ese cementerio, fueron muchas personas las que prefirieron guardar silencio, sin ser conscientes del dolor que estábamos sintiendo», afirmó el padre, profundamente conmovido durante la entrega digna. Él y su familia encontraron en la religión un refugio para resguardarse del dolor y así encontrar en el amor de ese ser superior en el que creen la fortaleza para seguir buscando y la oportunidad de compartir con los demás.
En Colombia, al menos 4.334 adolescentes entre los 12 y los 17 años continúan desaparecidos en hechos ocurridos en el contexto del conflicto armado. Sus familias no pierden la esperanza de encontrarlos, abrazarlos si están vivos o recibir su cuerpo en caso de que hayan fallecido, tarea a la que todos podemos contribuir.
La Unidad de Búsqueda es una entidad de carácter humanitario, la información que recibimos es utilizada únicamente para la búsqueda y se maneja con absoluta confidencialidad.
Buscamos desaparecidos, no culpables
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