Carmen, la mayor de 11 hermanos, es la única que recuerda la lluvia y la quebrada, cada vez más crecida, del día en que nació Evelio. Cierra los ojos, abraza la fotografía de su hermano y recuerda a su madre embarazada en La Cristalina, en las montañas de Arauca.
Su madre había salido temprano. Supo que debía llegar pronto porque llovía y el camino estaba marcado por una quebrada serpenteada que debía atravesar siete veces. La madre preñada atravesó sin problema seis de los siete tramos y por el desborde del río quedó atrapada en el último paso.
«Lo que yo no sabía», dice Carmen durante el momento solemne en que ella y su familia recibirían el cuerpo fallecido de Evelio, «es que mi mamá ya estaba enferma de parto y debía cruzar sí o sí». De modo que, con la fuente ya rota, buscó un palo que usó de palanca para ayudarse a atravesar la parte más mansa del río. «Yo estaba del otro lado. Mi mamá gritó entre el agua: ¡mamita, corra a la casa y prepare un chocolate caliente!».

Carmen lo recuerda así, a su madre avanzando a contracorriente en el río, luchando por sostener un poco más al bebé en camino. Y después, llegando, desvistiéndose y arrojándose al lecho de su cama. Y recuerda que al poco, con el chocolate servido, escuchó el llanto de un recién nacido: Evelio.
Mi mamá dijo que un poco más en la quebrada y se lo comían los caribes.
Javier, su otro hermano, ríe un poco. «Una vez íbamos los dos en un burro y cuando menos me di cuenta él ya estaba contra el río: una raya lo agarró y le zampó su herida. ¿Lo picó? Sí, una raya. Ese muchacho llore que llore toda la noche. A las cinco de la mañana agarramos burro y fuimos directo a la casa. Cuando mi mamá lo vio, sí le dijo: ¿Sí ve? Es que usted no hace caso. Siempre que mi mamá le decía que no, a Evelio le pasaba algo en el río».

A los 21 años de edad, Evelio ingresó a un grupo armado en el que permaneció por tres años antes de morir. Fue su hermano Javier quien supo de él por última vez en enero del 2000, durante una noche de guardia en el caserío Puente Tabla, en Arauca. Evelio Zambrano Díaz desapareció para su familia a los 24 años de edad, tras perder la vida en un combate en las montañas de Boyacá.
‘Burito’ –así lo llamaban porque no podía pronunciar correctamente la erre– nació accidentado por el agua. «Hubo otra vez», cuenta su hermano, «que mi mamá estaba lavando en el río y llegó ‘Burito’, que siempre era muy hiperactivo. Mi mamá sí le dijo: no se asome al caño, cuando él dizque dio al río y un Caribe le quitó media nalga y le dejó una rajadura». Ese signo particular, imborrable desde su infancia, quedó registrado años más tarde en el protocolo de necropsia y aportó a la orientación de su identidad.
Son 26 años los que han pasado desde la última vez que lo tuvieron cerca. Hoy se encuentran junto a la urna que contiene sus huesos, recordándolo, despidiéndolo y conociendo por parte de una antropóloga forense del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses la causa de su muerte y el proceso clave para la identificación de su cuerpo.

Cuentan miembros de la Corporación Humanitaria Reencuentros que en las filas lo suyo era la fuerza física, que no era bueno para las aulas; y que su rol era más bien de cuidador, de cocinero y de alivio a los heridos y enfermos. Era tímido, accidentado y, quizás por eso, curandero.
Articulación entre la UBPD y Reencuentros
Tras el Acuerdo de Paz firmado en 2016 entre el Estado colombiano y las FARC-EP, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) y la Corporación Humanitaria Reencuentros trabajan de manera articulada para buscar a los desaparecidos, vivos o muertos, de quienes se vincularon al grupo armado y desaparecieron para sus familias en el marco del conflicto armado.
Para el caso de Evelio, fue esta organización la encargada de documentar este caso en el 2018 en el ETCR Martín Villa en Arauquita, junto con su hermano Javier Díaz, quien impulsó el caso y formalizó la búsqueda ante la UBPD.
Flor Ariza, coordinadora de la región Centro de Reencuentros, afirma que este caso no pudo ser resuelto previamente por la falta de una oficina de la Unidad de Búsqueda en Tunja. «Durante muchos años se creyó que el conflicto no había afectado a Boyacá. Fue a partir de la llegada de la UBPD al departamento que pudimos avanzar en darle respuesta a la familia».

La UBPD localizó el cuerpo de Evelio en el Cementerio Central de Sogamoso. Delegados de la Corporación también estuvieron presentes en terreno con la familia durante la recuperación del cuerpo el 19 de mayo de 2025.
Este logro fue posible gracias a las acciones humanitarias y extrajudiciales del Plan Regional de Búsqueda Centro de Boyacá, articuladas con Reencuentros, Medicina Legal y el CIAFI de la UBPD, que permitieron confirmar plenamente la identidad de Evelio Zambrano.
La UBPD desarrolla su labor bajo principios de neutralidad, confidencialidad, enfoque humanitario y carácter extrajudicial. En ese marco, busca a todas las personas desaparecidas en el contexto del conflicto armado, con el propósito de aliviar la incertidumbre de sus familias y contribuir a sus procesos de duelo.