El Embalse La Esmeralda es hoy parte del paisaje que identifica al Valle de Tenza, en Boyacá. Sus aguas, rodeadas de montañas, reciben visitantes que llegan en busca de descanso, recorridos en lancha y actividades náuticas. En sus alrededores se han desarrollado iniciativas turísticas y una oferta de alojamiento y gastronomía que hacen del embalse un lugar de encuentro para quienes recorren esta región del departamento.
Pero el agua también guarda otras historias. En esta región, durante los años más duros del conflicto armado, algunas personas desaparecidas fueron arrojadas a cuerpos de agua o recuperadas posteriormente en sus alrededores. Son historias que durante años permanecieron sin respuesta y que hoy hacen parte de la búsqueda humanitaria que adelanta la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) en el Oriente de Boyacá.
Una de esas historias es la de Gladys Mayerli Castro Casas, una mujer oriunda de Bogotá que residía en Tunja y que llegó a Garagoa a comienzos de 2003 en busca de nuevas oportunidades para trabajar en un establecimiento conocido como Casa Verde. Allí transcurrieron sus últimos días junto con otras mujeres.
Una historia marcada por las violencias contra las mujeres
La búsqueda de Gladys permitió establecer que en este rincón de Boyacá diversos grupos armados ejercieron diferentes formas de violencia contra las mujeres. La investigación humanitaria de la UBPD ha documentado que algunas de ellas fueron atraídas hacia la zona mediante ofertas de empleo y promesas de mejores oportunidades, pero terminaron expuestas a dinámicas de control, explotación y violencia ejercidas por estructuras armadas.
En el caso de Gladys, la información recopilada señala que habría sido asesinada luego de ser señalada por la presunta pérdida de una joya de alto valor en el establecimiento donde trabajaba. Este hecho habría desencadenado el homicidio de varias mujeres que se encontraban en el lugar.

Estos hechos permiten comprender que el conflicto armado también se relacionó con las desigualdades y vulnerabilidades que afectaban de manera particular a las mujeres. Las violencias basadas en género fueron utilizadas en algunos contextos como mecanismos de control, sometimiento y castigo, afectando sus cuerpos, sus proyectos de vida y sus vínculos familiares.
Reconstruir su historia desde un enfoque de género permite reconocer las circunstancias particulares que, por el hecho de ser mujer, pudieron haber incidido en las violencias que rodearon su desaparición y muerte. También permite visibilizar las formas de violencias basadas en género que afectaron a las mujeres en contextos relacionados con el conflicto armado y reconocer a Gladys no solamente como una persona dada por desaparecida, sino como una mujer con una historia, unos vínculos y un proyecto de vida que merecen ser recuperados y dignificados.
De acuerdo con la información recopilada por la UBPD, Gladys Mayerli habría sido víctima de homicidio en un contexto de violencia asociado al conflicto armado que afectó la región. El cuerpo de Gladys Mayerli Castro habría sido arrojado al Embalse La Esmeralda y el 7 de diciembre de 2003 fue recuperado de las aguas por habitantes de la zona y funcionarios de la Inspección de Policía de Macanal. Fue llevado al hospital municipal, donde se realizó la necropsia. Como en ese momento no fue posible establecer quién era y nadie reclamó el cuerpo, fue sepultado como Cuerpo No Identificado en el cementerio del municipio.
Los análisis realizados posteriormente por la UBPD permitieron identificar señales que aportan a la comprensión de las violencias que rodearon su muerte. La información de la necropsia practicada en 2003 registró elementos que, analizados desde el enfoque de género, pueden aportar a la comprensión de las posibles formas de violencia ejercidas contra ella.
Gladys vuelve a las mujeres que nunca dejaron de esperarla
Mientras tanto, para su familia, la historia quedó suspendida. Gladys había desaparecido y, como ocurre con tantas familias que buscan a sus seres queridos, durante años no hubo un lugar al cual llegar, una tumba que visitar ni una respuesta que permitiera saber qué había ocurrido con ella. Fue en este camino de incertidumbre, que el 29 de abril de 2025, la Unidad de Búsqueda recibió la solicitud de búsqueda de Gladys Mayerli, dando inicio a un proceso humanitario orientado a esclarecer su paradero y propiciar el reencuentro con su familia.

La solicitud de búsqueda fue impulsada por su madre y su hermana. Las muestras de referencia aportadas por ellas permitieron realizar el cotejo genético que finalmente confirmó la identidad de Gladys. Así, la búsqueda no solo permitió avanzar en el esclarecimiento de su paradero, sino también reconocer la persistencia de las mujeres de su familia, quienes durante más de dos décadas mantuvieron viva la pregunta por su destino.
Su historia hace parte de una región en la que la desaparición de personas dejó una huella profunda. El Plan Regional de Búsqueda Oriente Boyacense, La Libertad, Lengupá y Neira reúne cerca de 600 personas dadas por desaparecidas. La investigación adelantada por la UBPD ha permitido identificar lugares de interés, recuperar personas y reconstruir historias que durante décadas permanecieron fragmentadas.
En el caso de Gladys Mayerli, la respuesta comenzó a aparecer en un lugar que durante años había guardado su historia sin que su familia lo supiera: el cementerio de Macanal. La información obtenida por la UBPD permitió establecer que el cuerpo recuperado del embalse en 2003 había sido sepultado allí. En marzo de 2025 fue recuperado para avanzar en el proceso de identificación y, posteriormente, los análisis permitieron establecer que se trataba de Gladys.
Así, dos lugares quedaron unidos por una misma historia. De un lado, el embalse donde fue recuperado su cuerpo; del otro, el cementerio donde permaneció sepultada durante más de dos décadas. Entre ambos, una búsqueda que permitió reconstruir lo que había ocurrido y devolverle a su familia aquello que durante tantos años había permanecido ausente: la certeza sobre su destino.
La historia de Gladys también dejó una huella en quienes la esperaron. Desde los tres años, su hija permaneció alejada de su familia extensa por circunstancias relacionadas con su cuidado y bienestar, creciendo durante todo este tiempo sin la posibilidad de compartir con su abuela y sus tías maternas. Sin embargo, después de una larga espera, la búsqueda permitió no solo propiciar el reencuentro con su familia, sino también restablecer y fortalecer esos vínculos familiares que, de alguna manera, se habían visto interrumpidos por el paso de los años y las circunstancias que rodearon la desaparición de su madre.

Hoy, este reencuentro representa la posibilidad de recuperar una parte de su historia familiar, reconstruir afectos y volver a sentirse parte de una familia que siempre permaneció a la espera.
La entrega digna de Gladys Mayerli fue acompañada por el equipo de la UBPD en Bogotá, Cundinamarca y Amazonas, que estuvo junto a su familia en este momento de reencuentro y despedida. Este acompañamiento permitió reconocer su historia y acompañar a sus seres queridos en el proceso de recibirla y darle el lugar que habían esperado durante tantos años.
Actualmente, cuando el paisaje alrededor de La Esmeralda convoca a visitantes y las aguas del embalse hacen parte de la vida cotidiana de la región, la historia de Gladys Mayerli recuerda que los lugares también conservan las huellas de lo que allí ocurrió. No se trata solo de encontrar a una persona. Se trata de volver a nombrarla, reconocer su historia y permitir que una familia pueda despedirla.
La historia de Gladys también hace parte de una memoria más amplia sobre las mujeres que fueron víctimas de diferentes formas de violencia en el Oriente de Boyacá. Recuperar sus historias permite comprender que detrás de cada persona desaparecida hay una vida, una familia y unos vínculos que permanecieron esperando respuestas.
Con Gladys Mayerli, la búsqueda en el Oriente del departamento continúa abriendo caminos para responder a las familias que aún esperan por sus seres queridos. Su historia se suma a la de otras personas desaparecidas en esta región y muestra que, incluso después de tantos años, la búsqueda humanitaria puede hacer posible el encuentro.