A las ocho de la mañana, el Cementerio del Sur de Bogotá parece un fragmento en pausa de la ciudad. Filas de bóvedas, nombres borrados por el tiempo, flores secas. Pero durante diez días ese silencio fue interrumpido por un equipo, en su mayoría conformado por mujeres, que con herramientas y documentos en mano avanzó en la tercera fase de intervención forense a ese camposanto.
«Nos encontramos en el Cementerio del Sur, uno de los cuatro cementerios públicos de la ciudad», explica Luis Alfonso Burgos González, investigador del equipo de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) para Bogotá, Cundinamarca y Amazonas. Detrás suyo está el pabellón Santa Rosita, hoy convertido en escenario de verificación y contraste.
Aunque muchas veces no se asocia con el conflicto armado, Bogotá alberga uno de los sitios de interés forense más grandes del país. Aquí podrían encontrarse al menos 700 cuerpos de interés para la Unidad de Búsqueda y otros 1.300 sobre los cuales no se puede descartar competencia, según explica Alberto Moreno, coordinador del equipo de la UBPD para Bogotá, Cundinamarca y Amazonas.
La intervención que acaba de finalizar se concentró en dos bóvedas. La información documental señalaba que en cada una habría siete cuerpos, pero son 14 en total. «Esta tercera fase implica el abordaje de dos bóvedas, seis cuerpos son de interés para la UBPD», señala Moreno.
Pero el concreto no siempre confirma lo que dicen los archivos.

En la primera bóveda no aparecieron siete, sino tres individuos adultos. Dos de ellos son de interés para la Unidad de Búsqueda. En la segunda se proyectaban siete y fueron hallados seis; tres de interés para la entidad. En resumidas cuentas, se esperaban seis cuerpos competencia de la UBPD y se encontraron cinco.
La diferencia entre lo que reposa en los protocolos y lo que aparece tras la lápida obliga a revisar hipótesis. «Todo pasa por una investigación humanitaria y extrajudicial bastante rigurosa», precisa Burgos. Un cuerpo de interés, explica el investigador, puede corresponder a personas desaparecidas en el marco del conflicto armado que no fueron identificadas o que, aún identificadas, nunca fueron entregadas a sus familias.
El trabajo no termina con la apertura.
En campo, el rol de las antropólogas es determinante. «Hacemos un tamizaje inicial de los cuerpos, verificamos su estado, su condición, buscamos perfil biológico… Características individualizantes que nos permitan llevar a cabo la investigación», explica Saray Daniela Forero, antropóloga de la UBPD para la Regional Sur.
El Cementerio del Sur impone retos particulares. Las bóvedas han sido reutilizadas múltiples veces. Algunos cuerpos llegan en ataúdes; otros en bolsas. Varios sin contenedor (es decir, no vienen aunque sea en un cajón de madera). «Tenemos que ubicar cada cuerpo, cómo está articulado, tratar de minimizar la mezcla entre estructuras… Y si están mezclados, tratar de reasociarlos», detalla Forero.
Esa minucia técnica es la que permite que, más adelante, el equipo de verificación contraste necropsias y registros con los hallazgos forenses.

Esta es la tercera fase del proceso y la quinta intervención en este camposanto. En una revisión documental inicial se identificaron más de 1.500 bóvedas y más de 2.500 protocolos de necropsia asociados a cuerpos inhumados entre 1996 y 2012, años críticos del conflicto armado. El cementerio cuenta además con medida cautelar de la Jurisdicción Especial para la Paz, lo que refuerza su importancia como lugar de memoria y búsqueda.
A finales de abril e inicios de mayo de 2026 se espera realizar una cuarta fase, más amplia. «Tendrá como fin el abordaje de al menos 20 cuerpos de interés», anunció el coordinador Moreno.
En marzo, mes en el que se conmemora la lucha histórica de las mujeres, esta prospección tuvo un sello particular: fue un equipo de mujeres el que lideró en gran parte el trabajo en campo. Mujeres que cargan cajas de evidencia y también historias, que revisan archivos y sostienen conversaciones difíciles, que combinan la rigurosidad científica con la empatía.
Entre bóvedas, muros grises, carpas blancas y polvo antiguo, el trabajo de antropólogas, médicas, odontólogas, criminalistas y apoyos administrativos reafirma algo que a veces pasa desapercibido: la búsqueda en Bogotá tiene rostro de mujer.