En el corazón del suroccidente de Barranquilla, los muros blancos del Cementerio Católico Calancala custodian mucho más que el descanso de quienes han partido: guardan los fragmentos de una historia regional marcada por la ausencia. Ese lugar es testigo silencioso del crecimiento de la ciudad desde 1915 y hoy se convierte una vez más en el escenario de un reencuentro largamente anhelado entre la ciencia y la memoria.
Durante los años noventa, reconocidos como uno de los periodos más críticos y difíciles del conflicto armado, el río Magdalena fue convertido en un testigo silencioso de la violencia. Decenas de cuerpos, arrastrados por la corriente, llegaron hasta las orillas de Barranquilla. Al no poder ser identificados en su momento, su destino final fue el Cementerio Católico Calancala, donde fueron sepultados bajo el velo del anonimato. Aquellas inhumaciones, marcadas por la prisa y la falta de un nombre, reflejaron la crudeza de una época que hoy la historia y la humanidad exigen esclarecer.
Los primeros pasos se dieron en 2024, cuando la tierra del Área de Solemnidad devolvió el rastro de tres personas que hoy avanzan en el camino hacia el reencuentro de su identidad. Luego, el andar humanitario nos guió hacia las zonas adyacentes, abriendo senderos de memoria donde se rescataron inicialmente 13 cuerpos y, poco después, otros siete. Con los 10 cuerpos hallados al cierre de esta tercera fase, son en total 33 historias de vida que han sido abrazadas y rescatadas del olvido. Hoy, resguardadas con el cuidado y rigor que exige la dignidad humana, estas vidas aguardan los análisis para regresar finalmente a sus hogares.
Alix Rocío Torres Penagos, investigadora integral del equipo de la UBPD en el Atlántico, explica: «Cuando llegamos al terreno a prospectar, no solo buscamos respuestas técnicas: buscamos abrir caminos de dignidad para que las familias puedan, finalmente, cerrar años de incertidumbre«.

Durante la jornada humanitaria, servidores y contratistas de la Unidad de Búsqueda desarrollaron espacios de difusión en los alrededores del cementerio con la comunidad aledaña, socialización del mandato institucional a través de jornadas pedagógicas y se recibieron solicitudes de búsqueda a familias buscadoras.
Manos estrechadas: las familias que ya no buscan solas
La búsqueda nunca ha sido un proceso meramente técnico. Es, ante todo, un acto de amor y resistencia. En esta fase, las familias buscadoras no contemplaron la distancia, sino que estuvieron allí, en el territorio, acompañando con sus latidos cada palada de tierra. Para ellas, ver cómo se abren estos caminos representa la posibilidad de encontrar esa respuesta que el tiempo les ha negado. De los 10 cuerpos recuperados en esta intervención culminada, cinco cuentan con una solicitud de búsqueda activa ante la Unidad de Búsqueda, lo que significa que hay nombres, recuerdos y afectos esperando en casa.
En este doloroso pero esperanzador tránsito, las familias cuentan con el abrazo solidario de organizaciones como de la Asociación de Familias Unidas por un Solo Dolor (AFUSODO) y el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE), quienes han tejido una red de apoyo mutuo y empatía para sostener el corazón de los buscadores durante las jornadas en el cementerio.

La articulación entre las organizaciones de víctimas, las familias buscadoras y la UBPD ha permitido avanzar en la identificación de nuevos casos y en la recopilación de información y muestras que contribuyen a la búsqueda.
Un tejido de solidaridad para abrir caminos de dignidad
Hacer posible una misión humanitaria de esta magnitud requiere de voluntades unidas en torno a un mismo fin: el alivio del sufrimiento. Por ello, esta intervención es el fruto de un trabajo articulado con el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses y la administración del Cementerio Católico Calancala, cuyo compromiso y sensibilidad han sido fundamentales para abrir las puertas del camposanto a la búsqueda.
Asimismo, la UBPD destaca el acompañamiento espiritual y pastoral de la Arquidiócesis de Barranquilla, así como el respaldo logístico de la Alcaldía Distrital de Barranquilla y la Cruz Roja Colombiana – Seccional Atlántico, cuyo compromiso y disposición han contribuido a garantizar que las familias buscadoras cuenten con condiciones dignas de atención, cuidado y protección durante estos días de reencuentro con la memoria.

Con el cierre de esta tercera fase de intervención, el esfuerzo incansable y comprometido de los equipos permitió abrazar y recuperar a 10 personas cuyos nombres y memorias comienzan a ser rescatados del olvido. Son 10 historias que hoy inician su camino de retorno y que nos impulsan a seguir buscando sin descanso.
La tercera fase de intervención del cementerio católico Calancala de Barranquilla se desarrolló en el marco del Plan Regional de Búsqueda Atlántico – Río Magdalena, que atiende 18 municipios del Atlántico y nueve del Magdalena. Desde allí, la UBPD continúa sumando esfuerzos con las instituciones, las comunidades, las organizaciones de víctimas y, especialmente, con las familias buscadoras.
¿Busca a un ser querido?
Si usted o su familia alberga la sospecha o creen que alguno de los cuerpos recuperados en este cementerio podría corresponder a su ser querido, la Unidad de Búsqueda extiende una invitación respetuosa para ponerse en contacto. Si la desaparición ocurrió en el marco y contexto del conflicto armado y tuvo lugar antes del 1 de diciembre de 2016, puede comunicarse directamente a la línea telefónica 316 2800157 o acercarse a la sede Barranquilla en el barrio El Prado, ubicada en la carrera 52 # 74 – 28. Su historia y sus recuerdos son el eslabón necesario para restaurar su nombre y traerles de vuelta a casa.

La búsqueda continúa en el Atlántico, guiada por la convicción de que nadie debe quedar en el olvido y que el retorno a casa es un derecho humano que no se apaga con los años.