Para algunas personas de Playa Rica La Y, Ruth Maryen Macana Prada no era una desconocida. Después de su muerte, en 2013, la comunidad recibió su cuerpo y le dio sepultura en el cementerio comunitario. Pero para su familia, la historia era diferente: Ruth seguía desaparecida.
En 2021, sus familiares acudieron a la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) para pedir que la buscaran. La investigación humanitaria y extrajudicial permitió reconstruir parte de los últimos momentos de su vida. Ruth, conocida como Rocío durante su permanencia en un grupo armado, murió en circunstancias relacionadas con el conflicto, posiblemente en un accidente con explosivos ocurrido en la vereda La Punta, en jurisdicción de La Macarena, en el Meta.

Después de su muerte fue trasladada hasta la comunidad de Playa Rica, donde fue velada y posteriormente inhumada en el cementerio. Allí, habitantes de la zona pudieron aportar información sobre cómo había sido recibida y sobre el lugar donde se encontraba. Sus relatos permitieron a la UBPD ubicar el sitio de la sepultura y orientar las acciones de búsqueda en este cementerio comunitario, ubicado en una zona de interés para la búsqueda en el norte del Caquetá.
La investigación continuó hasta que fue posible verificar su identidad. Los análisis permitieron establecer que se trataba de Ruth. Para su familia, aquello significaba algo que habían esperado durante años: saber dónde estaba y qué había ocurrido con ella.

Una despedida que todavía estaba pendiente
Aunque Ruth había tenido una sepultura, su familia no había podido participar de ese momento ni tener la certeza de que allí estaba su ser querido. Por eso, la entrega digna fue mucho más que el traslado de una persona a otro lugar.
En el municipio de Fusagasugá, en Cundinamarca, Ruth pudo encontrarse nuevamente con su familia y con personas que la conocieron y la apreciaron. Allí se realizó una entrega digna que permitió reunir, muchos años después, a quienes habían continuado preguntándose por ella y con quienes habían compartido parte de su vida. El encuentro permitió darle un nuevo significado a una historia que había quedado suspendida durante años. Esta vez, su familia pudo recibirla con la certeza de que era Ruth y decidir cómo despedirla.

La historia de Ruth muestra que una inhumación no siempre significa que una desaparición haya terminado. Para una familia, saber que una persona murió no es lo mismo que saber dónde está, qué ocurrió con ella y poder reconocerla y despedirla. Por eso, la búsqueda humanitaria y extrajudicial también trabaja para reconstruir esas historias, contrastar la información disponible y encontrar respuestas que permitan a las familias cerrar, de alguna manera, una espera que puede durar años.
En el caso de Ruth, las voces de quienes la recibieron en Playa Rica fueron parte de ese camino. La investigación permitió seguir esas pistas, localizarla y verificar su identidad. Años después de su muerte, Ruth pudo volver a encontrarse con su familia.