El antropólogo levanta la mirada hacia dos gigantes de piedra que dominan el horizonte del Occidente de Boyacá. Los picos de Fura y Tena se elevan entre los municipios de Muzo, Maripí y San Pablo de Borbur y, desde allí vigilan siglos de transformaciones en la región: la llegada de los colonizadores, las guerras verdes y las innumerables historias de quienes desaparecieron entre la tierra y los ríos durante las distintas violencias que han marcado la región.
Hoy también son testigos de un acto de paz.
En una zona rural de San Pablo de Borbur, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) recuperó el cuerpo de una persona desaparecida. Fueron dos jornadas intensas de trabajo en las que el equipo forense abrió tres largas trincheras de excavación, removiendo capas de tierra que durante décadas guardaron una historia inconclusa que se remonta a 1986. Ese año, el hombre perteneciente a un grupo armado no estatal ingresó al Occidente de Boyacá. Allí desapareció junto a dos de sus compañeros.

Desde entonces, su paradero quedó sepultado en un cementerio veredal, en zona rural de San Pablo de Borbur. Como tantas otras personas desaparecidas en el conflicto armado, su historia permaneció suspendida en el tiempo, el temor y el silencio, condiciones necesarias para que la desaparición subsista y se perpetúe en las comunidades y los territorios.
Identificar ese lugar de interés para la búsqueda tardó cerca de diez meses de investigación humanitaria y extrajudicial. Una investigación que no tenía como objetivo perseguir ningún delito, sino dar alivio al sufrimiento de las personas que lo han buscado por más de cuarenta años.
Leonardo Parra, funcionario de la UBPD en Boyacá y líder de esta investigación humanitaria y extrajudicial, explica que la entidad busca a todas las personas desaparecidas en el marco del conflicto armado, sin distinción alguna: «Nuestra labor es buscar a quienes desaparecieron en el contexto del conflicto, independientemente de su papel en él. Buscamos personas civiles que quedaron atrapados en las dinámicas de violencia que afectaron a todo el país y, de manera particular, al Occidente de Boyacá, pero también a quienes hicieron parte de grupos armados estatales y no estatales, de manera voluntaria o involuntaria, porque el dolor de las familias que les buscan es lo que nos motiva».

Fura y Tena
Fura y Tena fueron los ancestros del pueblo de Muzo. A ellos se les atribuye la enseñanza de la agricultura, la alfarería, la caza y la guerra. Cuando quienes habitan los municipios aledaños hablan de estos cerros, evocan las aves que sobrevuelan sus laderas, las mariposas que recorren los caminos, la vegetación exuberante y las esmeraldas que han hecho famoso al Occidente de Boyacá en todo el mundo.
Las mariposas son los gritos de Fura –cuenta un habitante– son hermosas porque son de Fura, pero aún así son gritos. Es que Fura sufre y sufre por la culpa, y porque Sarby la separa perpetuamente de su amado Tena.
Una recuperación en Pauna
Muy cerca de Muzo, el río Minero atraviesa San Pablo de Borbur y corre hacia el oriente hasta una de sus estribaciones en el municipio de Pauna. Allí, el equipo forense de la UBPD buscó el cuerpo de dos personas que desaparecieron en un combate en 2001.

Hace 26 años, a oídos de una madre, llegó el rumor de que a su hijo desaparecido, envuelto en una sábana, lo habían enterrado en el Cementerio Central de Pauna tras caer muerto en un enfrentamiento armado. La madre acudió días después, pero no pudo ver el cuerpo ni marcar su tumba.
Pasaron décadas antes de que la mujer pudiera volver a hablar de la desaparición de su hijo. Fue con la llegada de la Unidad de Búsqueda al territorio de Pauna y el inicio de la investigación humanitaria y extrajudicial que encontró un espacio para solicitar formalmente su búsqueda.
En ese mismo combate murió otro hombre, de 50 años, recordado en su comunidad, en la zona rural de Pauna. Aunque, según los aportes recibidos, ya se había retirado, fue convocado para participar en aquel combate y perdió la vida.
Y fue enterrado muy cerca de quien habría sido su compañero.

En este segundo caso, la familia no había solicitado formalmente su búsqueda. Fue la Unidad de Búsqueda la que estableció contacto con sus familiares y adelantó el proceso de toma de muestras biológicas, necesarias para avanzar en la identificación.
Como resultado de las acciones forenses, la UBPD recuperó un cuerpo en el Cementerio Central de Pauna, que fue trasladado al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses para los análisis correspondientes. Ahora queda por establecer si este cuerpo corresponde con la identificación de alguna de las dos personas cuya desaparición está siendo documentada y buscada.
La traición
En el Occidente de Boyacá, la belleza y la tragedia parecen caminar juntas. Según la leyenda, ella, Fura, traicionó a Tena con Sarby; y fue tal el dolor que él se arrodilló frente a ella y se quitó la vida. Arrepentida, ella lloró durante siglos y de sus lágrimas nacieron las esmeraldas que aún hoy emergen de las entrañas de estas montañas.
«Son una fortuna pero también una maldición», comenta la madre buscadora al referirse a las esmeraldas. Luego señala el pico alto: «Esa es Fura –señala el pico bajo–, ese es Tena arrodillado. Y ahí en la mitad los separa Sarby; o el río Minero, como lo conocemos hoy en día. El río Minero sí que se ha llevado los cuerpos de los desaparecidos».
La investigación no termina con la recuperación de estos dos cuerpos. Para la Unidad de Búsqueda, en este territorio permanece el compromiso de reconocer, dignificar y buscar a todas las personas desaparecidas que los conflictos de la región han ocultado en la tierra y arrojado al río. Lo hará con el único objetivo de dar alivio a las familias que buscan: de manera humanitaria, confidencial y sin juzgar ni perseguir ningún delito.

La Unidad de Búsqueda le envía un mensaje especial al Occidente de Boyacá. Nuestra entidad reconoce su conflicto particular e informa a toda la comunidad sobre su derecho a la búsqueda de desaparecidos en este territorio. Toda información, por mínima que sea, es valiosa y será tratada bajo los principios humanitarios, extrajudiciales y de confidencialidad, con el único propósito de avanzar en la localización e identificación de personas dadas por desaparecidas y brindar alivio a las familias que llevan décadas esperando respuestas.
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