Vivir con la incertidumbre de saber qué ocurrió con un familiar desaparecido es una carga emocional difícil de sobrellevar. Pero esperar el regreso de dos integrantes se convirtió en una ‘cruz’ para una familia del sur del Tolima.
Esta historia se remonta a la década de 1990 con la desaparición de *Pedro Ramírez, quien el primero de enero de 1992, a sus 15 años, se vio obligado a cambiar el calor del hogar por el ruido de las balas en medio del conflicto armado. Aunque su familia intentó contactarlo tras su repentina partida, no logró obtener ninguna noticia suya.
Sin reponerse de este primer golpe, *Rosa, la madre de *Pedro, tuvo que soportar en 1996 una segunda partida inesperada. Se trataba de su hijo *Juan Ramírez, de 17 años, también obligado a formar parte de un grupo al margen de la ley.

Anhelo roto
A pesar del paso del tiempo, la familia *Ramírez vive la búsqueda de sus familiares como un camino de fe, centrado en la unidad familiar mantuvo la ilusión de ver regresar sanos y salvos a sus hijos. Sin embargo, el anhelo de tener buenas noticias se apagó en 2002, cuando la familia conoció que *Pedro a sus 25 años, había fallecido en el corregimiento de Bilbao, Planadas. Integrantes de la estructura armada trasladaron y le entregaron a la familia un cuerpo que por sus condiciones, no pudo ser observado y mucho menos identificado, razón por la cual, en el corazón de madre y de sus hermanos, se sembró una duda que hasta la fecha se mantiene sobre la identidad plena del joven.
Igual situación ocurrió con, su hermano *Juan, de 23 años, quien al parecer perdió la vida ese mismo año en el corregimiento de Riomanso, Rovira.
A raíz de esta situación, los días de *Rosa se tiñeron de tristeza, incertidumbre y nostalgia. En su corazón de madre, latía la esperanza de que aquellos cuerpos que nunca pudo ver no fueran los de sus hijos. Con esa duda persistente, vivió con la imperiosa necesidad de conocer la identidad plena de sus dos hijos para poder, por fin, darles una despedida digna.

Principio de oportunidad ante aportes directos
En septiembre de este año, familiares de *Pedro y *Juan participaron en un encuentro con la Red ADN y, en articulación con la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), decidieron compartir su historia de búsqueda y la necesidad de impulsar la intervención del cementerio de la vereda Berlín, jurisdicción de Ataco para poder establecer lo que realmente había sucedido con sus familiares.
La red ADN, es una plataforma colaborativa de organizaciones que incluyen a FEVCOL, Corporación Rosa Blanca, Manos por la Paz, entre otras. Su base organizativa se encuentra conformada principalmente por víctimas directas del conflicto armado, quienes aportan su experiencia, resiliencia y un profundo anhelo de verdad, justicia y reparación. No obstante, en un ejercicio de reconciliación y construcción de paz, esta plataforma también integra activamente a personas que, en algún momento de sus vidas, formaron parte de grupos armados ilegales. Estas personas, ahora comprometidas con la legalidad y los procesos de paz, centran sus esfuerzos en sanar las heridas que el conflicto armado ha infligido en los territorios y en el tejido social de las comunidades afectadas.
Gracias a los diálogos bilaterales que se llevaron a cabo en 2025 entre la UBPD, la Corporación Rosa Blanca y FEVCOL, se pudo atender la solicitud de búsqueda de la familia Ramírez, dialogar con aportantes de información directos, tomar las muestras biológicas a los familiares e intervenir el cementerio de manera priorizada.
El afán de los *Ramírez y ahora del Estado, consiste en brindar un poco de tranquilidad a *Rosa, una mujer de edad avanzada y con condiciones críticas de salud. Ella espera alcanzar a dar un adiós digno a los hijos que le fueron arrebatados.

Un lugar de memoria y duelo
De acuerdo con la información recopilada por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), el Cementerio de Berlín es un camposanto con más de 30 años de existencia. Ha sido y continúa siendo un lugar de especial y profunda relevancia para la comunidad local. No es solo un espacio físico, sino un sitio de memoria y duelo, pues es el lugar donde históricamente se han albergado los cuerpos de sus seres queridos, algunos de los cuales han fallecido en el contexto del conflicto armado que ha afectado a la región.
La intervención de la Unidad de Búsqueda busca garantizar la adecuada identificación y el manejo forense de los cuerpos que allí reposan. Este proceso honra la memoria de los desaparecidos y atiende el derecho de las familias a encontrar y sepultar dignamente a sus seres queridos.
La intervención que se adelantó en octubre de 2025 con los familiares predicando la palabra de Dios apoyados en recursos de la naturaleza, acompañados de una vela encendida y de la oración se procedió a la apertura del sitio de interés forense y a la recuperación de los cuerpos entregados en condiciones irregulares, a fin de buscar la confirmación de su identidad de manera fehaciente y determinar si en efecto, Juan y Pedro se encuentran sin vida. Esto es clave para las familias que han experimentado el dolor de la desaparición y conviven diariamente con la incertidumbre.
“Una vez recuperados, los cuerpos fueron debidamente rotulados, embalados y enviados al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses para que se practiquen los análisis pertinentes; no obstante, en el marco de las acciones se desarrolló un acto de memoria de estos dos seres por solicitud de la familia y con base en la investigación humanitaria y extrajudicial adelantada por el Grupo Interno de Trabajo Territorial Tolima se logró orientar sus identidades, de las cuales contamos con solicitudes de búsqueda y muestras biológicas de los familiares para futuros cotejos genéticos” explicó Angie Katherine Sánchez, antropóloga líder de esta misión.
La entidad continúa recorriendo el territorio, articulando información y testimonios e interactuando con familiares, con el único objetivo de ofrecer respuestas dignas a las miles de familias víctimas del conflicto armado en el departamento.
*Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de la familia.