«¿Ya encontraron al soldado?», fue la pregunta que resonó entre la población de San Juanito, en el Meta, durante los seis días de la primera intervención por parte del equipo forense de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) con el fin de recuperar el cuerpo de Óscar Iván Tabares Toro, de quien su familia perdió total comunicación el 28 de diciembre de 1997 mientras cumplía su turno militar en zona rural de este municipio.
Después de atravesar varias carreteras que conectan Villavicencio y Cáqueza y Fómeque, en Cundinamarca, un grupo de antropólogos, criminalistas y expertos forenses llegaron hasta el último municipio del norte del Meta: San Juanito. Una pequeña población, asentada en una meseta ubicada en el centro de picos montañosos aledaños al Páramo de Chingaza. Allí el sombrero llanero se viste con ruana y saco.
A pesar de ser un municipio aislado por su geografía y vías de difícil acceso, no estuvo al margen del conflicto armado. Allí también ocurrieron desapariciones, entre ellas la de Óscar Iván Tabares Toro, un caso que con los años trascendió el ámbito local: llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ese recorrido ha sido impulsado por la persistencia de la familia Tabares Toro, que por más de dos décadas ha luchado por hacer visible su ausencia y resolver dos grandes interrogantes: ¿dónde está? ¿Qué pasó?
María Elena Toro ha sido la persona que ha liderado la búsqueda de su hijo. En el mes de marzo de 1998, luego de haber tocado varias puertas para conocer la verdad de lo sucedido, salió del departamento de Antioquia rumbo a San Juanito, un sitio que en ese momento era totalmente desconocido para ella. Llegó acompañada de su esposo y hermano, guiada por su intuición de madre que no la abandonó desde la noche en que no recibió esa acostumbrada llamada de su hijo donde le contaba los recuerdos del día a día en el campamento.
Después de escuchar varios testimonios y recoger ella misma la información de lo que sabían los pobladores, condujo su ruta hasta un hilito de agua que bajaba de las montañas, muy cerca de donde la llamaba su hijo cada noche su hijo. Fue ahí donde encontró los primeros indicios que la llevaron a concluir que tal vez él ya no estaba con vida. Una realidad dolorosa que fue el punto de referencia que dio inicio a su lucha.

Pasaron años, donde estuvo caminando de la mano de organizaciones y colectivos quienes la acompañaron en su persistencia; hasta que, en un comercial de televisión, supo que existía la UBPD, donde se acercó y realizó la solicitud de búsqueda de Óscar. Una vez se estructuró la hipótesis del caso, no dudó en volver al lugar para ayudar a orientar la investigación humanitaria y extrajudicial.
Señas particulares como un árbol y el mismo hilito de agua que había visto en sus primeras visitas fueron la base para determinar el área de intervención por parte de los forenses de la Unidad de Búsqueda. Durante días marcados por el frío y la lluvia constante, las excavaciones no se detuvieron. Con capas y equipos impermeables, el grupo de la Unidad de Búsqueda avanzó paso a paso. 632 pozos de sondeos, en jornadas de más de ocho horas de trabajo diario, fueron parte de la tarea que realizaron, removiendo con cuidado cada centímetro de tierra compacta.
En esos seis días, varios campesinos de la zona al lado de los forenses reunieron 28 manos que impulsaron al mismo ritmo y fuerza las palas y herramientas manuales hacia la tierra. Un equipo topográfico también se unió a esta misión. En esa misma área, permaneció extendida una carpa blanca que sirvió como refugio cuando la lluvia y los vientos fueron en aumento. Bajo esta, se encontraba el nombre de Óscar Iván Tabares Toro, sobresalió sobrepuesto en una imagen de un colibrí pintado con vivos colores; su retrato, velas y oraciones acompañaron cada día de las labores.

María Elena y su hermano Iván participaron en cada momento de está acción humanitaria, donde fueron agotados todos los recursos físicos.
En el día a día, la misma pregunta iba y venía entre la gente del pueblo: «¿Ya lo encontraron?». Seguida de algunos mensajes solidarios: «No pierdan la fe», «Ojalá lo encuentren». Y aunque esta vez no hubo hallazgo, para el equipo forense el no encontrar también significó traer una respuesta para esta familia, porque a partir de la hipótesis inicial se delimitó un área de casi seis mil metros cuadrados, la cual pudo ser abordada en su totalidad.
Ahora el rumbo de la investigación humanitaria y extrajudicial de la Unidad de Búsqueda necesita de nuevas fuentes de información para continuar en el proceso de búsqueda. Por su parte, María Elena hace todo lo posible por no dejar apagar la luz de la esperanza; para ella, el tiempo que pasa, significa una oportunidad para acercarse a la verdad: «Tiempo que pasa, verdad que se acerca», dice con fe.

La Unidad de Búsqueda invita a quienes puedan tener información sobre Óscar Iván Tabares para que se acerquen a la entidad en Villavicencio, su sede queda en la calle 38 #32-41 (edificio Parque Santander, Piso 17); o se comuniquen a la línea telefónica 31628198757. Toda la información recibida es confidencial y no compromete en ningún proceso judicial.