Brenda tiembla con el frío. Llegó desde Córdoba, en el Caribe colombiano, hasta Oicatá, un pequeño municipio boyacense donde la temperatura ronda los ocho grados. Vino con la esperanza de encontrar respuesta sobre el paradero de su hermano, desaparecido hace 27 años en hechos relacionados con el conflicto armado.
Brenda Madera es mujer buscadora en Córdoba. Ella y otras personas acompañaron las acciones humanitarias con fines de recuperación y verificación de correspondencia de identidad que dos equipos de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) realizaron en el Cementerio Jardines de Santa Isabel, en Oicatá.
Se trata de una acción de alta complejidad en donde la recuperación de los cuerpos por parte de los forenses humanitarios debió estar acompañada por una exigente verificación, para individualizar los cuerpos e impulsar su pronta identificación.

¿Por qué se trata de un caso complejo?
Brenda nunca imaginó que el cuerpo de su hermano terminaría custodiado por la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), en Tunja. Allí llegó luego de que el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses firmara un convenio con la institución educativa para que esta custodiara y preservara cuerpos en el marco de sus prácticas académicas.
Este convenio ocurrió durante las décadas de los 90 y 2000, período en el que la violencia dejó miles de cuerpos sin identificar en todo el país. En el marco de este convenio, el cuerpo del hermano de Brenda y los de otras personas fueron llevados a la Universidad en Tunja y, con los años, dispuestos en bóvedas en un cementerio privado de Oicatá en donde la UPTC asumió el compromiso de renovar cada cinco años el contrato para continuar con la custodia y protección de estos cuerpos.
En julio del 2024, tras la apertura de la sede territorial en Boyacá de la UBPD, se continuó con la investigación humanitaria y extrajudicial que se venía adelantando. Esta se realizó en coordinación con la misma Universidad, Medicina Legal y el Cementerio Jardines de Santa Isabel. El objetivo fue conocer y aclarar el origen de estos cuerpos. Para ello, la Unidad de Búsqueda integró equipos de antropología, medicina, odontología y criminalística que, sumada a la información recopilada, estableció que algunos de estos cuerpos en custodia podrían corresponder a personas desaparecidas en el marco y contexto del conflicto armado.

Al igual que la de Brenda, la UBPD recibió solicitudes de búsqueda de regiones como Cundinamarca, Norte de Santander y el Caribe, cuyas investigaciones han arrojado una posible identidad orientada de cuatro personas asociadas a las recuperaciones del cementerio de Oicatá.
«Mi hermano era una persona espontánea. Le gustaba compartir mucho con nosotros. Hoy agradezco a la Unidad de Búsqueda por colaborarme y por estar muy atentos a la búsqueda de mi hermano», dijo Brenda al recordarlo.
El desafío de la identificación
Los métodos de conservación aplicados en estos cuerpos han planteado retos para los procesos de identificación, aunque también han permitido preservar las estructuras óseas e información valiosa para su localización.
A la fecha, se ha podido establecer que los 10 cuerpos recuperados pueden corresponder a personas desaparecidas buscadas por la UBPD, de las cuales dos ya fueron plenamente identificadas y están en proceso de ser entregadas dignamente a sus seres queridos.

Según Leonardo Parra, investigador de la Unidad de Búsqueda en Boyacá, esta información técnica y científica debió ser complementada con los aportes de información de las familias buscadoras: “Las entrevistas con fines de identificación son fundamentales porque nos permiten cruzar datos familiares con hallazgos técnicos y científicos —detalles físicos, hábitos, historias de vida— los cuales han sido claves para contrastar los cuerpos con la documentación recopilada”.
Este proceso en Boyacá no solo representa un paso adelante en la búsqueda de personas desaparecidas, sino que también permitió implementar nuevas prácticas y metodologías que fortalecen los protocolos de investigación en el país.
Gracias a la articulación interinstitucional y al compromiso de las familias, hoy se abre la posibilidad de que más seres queridos regresen a casa y que la sociedad colombiana avance en el camino de la verdad y la reparación.
