El agua vuelve a brotar. Después de años de sequedad, el nacimiento que había desaparecido en la finca Santa Lucía reapareció entre la tierra húmeda. A su alrededor revolotean mariposas y pájaros pequeños. En ese punto exacto, la familia Cruz Castro ha sembrado plantas que crecen con un propósito. Cada una tiene un nombre, una historia, una ausencia. A ese lugar lo llaman ‘El Jardín de la memoria’.
José Antonio Cruz Castro era el menor de la familia. Tenía el carácter alegre de quien se levanta temprano, prepara tinto para todos y sale al campo con la misma rutina de siempre. El 15 de julio de 2002, poco después de asistir a misa con su padre, tomó un bus hacia la vereda Giramena. Iba a revisar el ganado, porque un toro se había escapado. Desde ese día no se volvió a saber de él. Ni el toro, ni José Antonio, ni una sola señal del camino.
La desaparición ocurrió diez meses después de la muerte de su madre. Fue el golpe que terminó de quebrar a la familia. «Nos destruyeron la vida», recuerda Olga Lucia Cruz, una de las hermanas de José Antonio. «Nos la cambiaron, nos rompieron totalmente tanto la vida familiar como la vida social».
Durante los primeros años, buscaron por su cuenta. A veces llegaban rumores: alguien lo había visto, alguien sabía algo. Nunca hubo confirmación. Con el tiempo, el silencio se volvió parte de la rutina. Pero en lugar de rendirse, la familia decidió sembrar la esperanza.
‘El Jardín de la Memoria’ ocupa un terreno delineado con la forma del cuerpo humano. En el centro, un corazón de Jesús, diseñado para parecer que late, guarda la planta que representa a José Antonio. Alrededor, otras matas recuerdan a su hermana Esther —fallecida en 2015 con toda esta lucha— y a sus padres. Las plantas con espinas se ubican en los pies, como símbolo del dolor. Las flores rojas, dentro del cuerpo, representan la sangre derramada. Y los girasoles que aún esperan sembrar en la cabeza y los hombros son el amarillo de la esperanza, la convicción de que «la humanidad tiene que cambiar, tenemos que volver a tener sentimientos», dice Olga Lucia.
Cada semilla, cada hoja, es parte de una reconstrucción. La familia dice que están “criando el jardín como se construye la vida”, un acto de memoria que se opone al olvido. Allí, la naturaleza se convierte en lenguaje: el corazón late, la tierra respira, la ausencia florece.

Dentro de la casa, otro espacio guarda los recuerdos: ‘La habitación de la memoria’. En sus paredes hay fotografías, objetos cotidianos y cartas. Son fragmentos de vida recogidos tras recuperar la finca, testigos de una historia que se niega a desaparecer. «Hay memoria en cada lugar de la finca», dice Elkin Leonardo Garzó, sobrino de José Antonio. «Comienzan a verse objetos muy familiares de la niñez mía, o de las etapas de cada uno», agrega.
José Antonio, es una de las 8.470 personas registradas como desaparecidas en el departamento del Meta, según datos de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) en el contexto del conflicto armado. En todo el país, la UBPD ha identificado más de 850 personas, de las cuales 280 han sido encontradas con vida y 572 entregadas dignamente a sus familias.
La búsqueda para encontrarles, continúa. En lugares como Santa Lucía, la memoria también. Sí usted tiene un familiar desaparecido o tiene información que ayude a localizar a una persona dada por desaparecida en el departamento del Meta, le invitamos a comunicarse al celular: 3162819857 o también en nuestros canales digitales.