octubre 13, 2023

Manual para buscar a los combatientes desaparecidos que no conocieron el Acuerdo de Paz

La Unidad de Búsqueda, la Corporación Reencuentros y firmantes de paz se reunieron en Anorí, en el Nordeste de Antioquia, para hacer un ejercicio de memoria que contribuya a la búsqueda de antiguos combatientes desaparecidos en el marco del conflicto armado.
  • La Unidad de Búsqueda, la Corporación Reencuentros y firmantes de paz se reunieron en Anorí, en el Nordeste de Antioquia, para hacer un ejercicio de memoria que contribuya a la búsqueda de antiguos combatientes desaparecidos en el marco del conflicto armado.
  • Este encuentro se dio a la par de la intervención del Cementerio San Luis Gonzaga, en donde la Unidad de Búsqueda recuperó 32 cuerpos no identificados.
  • Los firmantes de paz acompañaron dos recuperaciones de cuerpos, de quienes se presume fueron sus compañeros en filas y que murieron en hostilidades en el 2007. 

Medellín, 13 de octubre de 2023 – Este puede ser un manual para armar a un hombre o a una mujer. Las diez personas reunidas alrededor de la mesa podrían ser escritores que discuten sobre sus personajes, que los crean de cero y empiezan por responder varias preguntas: ¿cuál era su color de piel? ¿Cuál era su estatura? ¿Cuántos años tenía? ¿Había tatuajes? ¿Acaso tenía cicatrices? Tienen una atmósfera para sus personajes: todos hicieron parte de la guerrilla de las Farc entre 1986 y 2016, todos desaparecieron en alguna de estas montañas de Anorí, en el nordeste de Antioquia, o en los bosques y planicies del Bajo Cauca. 

No sobrevivieron a la guerra, no vieron la puerta que se abrió con el Acuerdo de Paz. La vida no les permitió llegar a la vejez. En este manual para armar a un hombre o a una mujer, dos investigadores de la Unidad de Búsqueda, tres integrantes de la Corporación Reencuentros y varios firmantes de paz parecen crear a Lucas* y a Braulio*, a José* y a Hernando*, a Yony* y a Rosa*. Saben sus nombres de guerra. Ahora, en esta reunión, les dan formas a esas vidas, indagan los nombres reales, el origen de sus familias, la edad que tenían cuando entraron al grupo, el momento en el que se les escapó la respiración. 

Este encuentro no es un manual para inventar un hombre o una mujer, es un manual para rescatar de la memoria las vidas que fueron hace mucho, los rostros que se fueron borrando con los años, los sentimientos de personas que no sobrevivieron a la guerra. Es, entonces, un manual para evocar a los ausentes y reconstruir con sus recuerdos los cuerpos perdidos que ahora quieren encontrar. 

Foto: Comunicaciones UBPD

¿Quiénes están en la galería?

No fue sencillo para Andrea Romero y Wilson Gómez, los investigadores de la Unidad de Búsqueda, sentarse con los firmantes de paz en la Casa de Justicia de Anorí, un pueblo a 173 kilómetros de Medellín. En 2021 fueron hasta el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de La Plancha, en este municipio, donde viven algunos de los viejos integrantes del que fue el frente 36 de las Farc. 

Por la ventana de un salón al que llaman la Casa de la Memoria vieron fotografías sobre la pared con pocos nombres. Son mártires, les dijeron. En aquel momento querían indagar por algunas personas desaparecidas, pero solo dos familias acudieron al encuentro. Sabían que había que construir confianza con los antiguos combatientes. Aquel mural con fotografías era una oportunidad para continuar la búsqueda.  

Los investigadores volvieron en coordinación con la Corporación Reencuentros, les abrieron la puerta de la Casa de la Memoria, les tomaron fotos a las fotos. Aquellos mártires, como les decían, eran hombres y mujeres ausentes desaparecidos en el conflicto. Iniciaron las preguntas y emergieron los nombres de guerra, como los de Lucas, Braulio, José, Hernando, Yony y Rosa. Hicieron líneas de tiempo del frente 36, identificaron enfrentamientos y muertes en combate. Entonces crearon unas fichas que conforman una especie de álbum, en el que están las fotos de los guerreros con varias casillas en blanco y empezaron a llenar los espacios vacíos, como escritores que dan forma a sus personajes apelando a la memoria. 

Mientras en el Cementerio San Luis Gonzaga de Anorí un equipo forense de la Unidad de Búsqueda recupera 32 cuerpos no identificados, muchos de ellos antiguos combatientes, en la Casa de Justicia los investigadores se reúnen de nuevo con los firmantes de paz.

Sigamos con Yony— dice una de las investigadoras de la Unidad de Búsqueda. —¿Cuántos años tenía cuando ingresó al frente?

Él estuvo aquí unos seis o siete años, se vinculó a los 16 o 17 años.

Él murió en el 2005 con Rosa— dice alguien más.

Foto: Comunicaciones UBPD
Foto: Comunicaciones UBPD

¿Cuál era su estatura? Era bajito, dicen. Las descripciones deben aproximarse a un número. No es lo mismo una persona alta para alguien que mide un metro cincuenta que para alguien de casi dos metros. ¿Bajito como quién? ¿Alto como quién? Son preguntas que emergen de inmediato. 

¿Cómo era Yony? — pregunta la investigadora.

Era amonado— dice una mujer.

Yony tenía una prótesis de los cuatro dientes delanteros del maxilar superior, cataratas en los ojos, unas cejas doradas, como su cabello y su bigote. “Era casi albino”, agrega otro hombre que se suma al coro de recuerdos.

Sigue el turno de Rosa. Nació en un municipio del norte de Antioquia. Después evocan a Hernando. Se vinculó al grupo en el Bajo Cauca. Luego nombran a Juliana*. Nació en 1985, si estuviera viva tendría 38 años. El diálogo se interrumpe a cada rato con nuevos datos y recuerdos. Si nombran a Juliana, aparecen datos de Hernando. La memoria es así. 

Los investigadores detonan la memoria de los ausentes y en la conversación deben ordenar los datos de cada persona. Encuentran algunos nombres de guerra de los que antes carecían las fotos, descubren los nombres reales de algunos, el lugar de vinculación, si tenían manillas o tatuajes o anillos o cadenas. En algunos casos descubren la arquitectura de los cuerpos, en otros suman unas pocas descripciones. En la reunión no podrán saberlo todo de cada persona que buscan, así es la búsqueda. Detrás de cada fosa, de cada cementerio intervenido, hay una investigación que crece con la paciencia del que arma un rompecabezas.

Te recuerdan, Lucas

En la bóveda 25 de la galería Santa Clara dice: “NN #2”. Los firmantes y los investigadores suspenden el manual para reconstruir a los ausentes y caminan hasta el cementerio, a una calle de distancia del lugar de la reunión. El equipo forense de la Unidad de Búsqueda recuperó antes el cuerpo de Braulio y ahora lo harán con el de Lucas.  

Ovidio Antonio Mesa aún recuerda el día que murieron los dos muchachos. Su tropa estaba preparándose para compartir el 31 de diciembre de 2007, pero no contaban con un encuentro con el Ejército. Lucas y Braulio hicieron una avanzada y se toparon con unos 30 soldados. Hubo un enfrentamiento y hasta helicópteros disparando desde el aire. Ese día murieron los dos hombres que ahora recuperan en el cementerio. Ovidio calcula que unos 200 integrantes del antiguo frente 36 están desaparecidos, luego de morir en las hostilidades. A algunos los enterraron en la selva, otros se los llevó el Ejército y no saben dónde encontrarlos.

Foto: Comunicaciones UBPD

Paola Andrea Chavarro, antropóloga forense de la Unidad de Búsqueda, ingresa arrodillada a la bóveda como si fuera una madriguera. Dice “pie derecho”, “pie izquierdo”, mientras el criminalista recibe los huesos. No es posible extraer el cuerpo completo, el cajón de madera se deshizo y el cuerpo yace envuelto en un plástico blanco. “El cuerpo está muy frágil”, insiste ella. Al estar en la base de la galería que, además, no tiene un techo que la cubra de la lluvia, el agua escurre y hace que este sea un sitio húmedo. La tierra está mojada; algunas raíces que emergieron del suelo se anudaron a los huesos.

Mientras, Roxana*, otra firmante de paz, dice haber conocido a Lucas, Javier Humberto Orrego agrega que era un muchacho al que le gustaba el vallenato y utilizar manillas. Tiene una imagen que no logra precisar. El día que murió no sabe si del cuello le colgaba una placa o un cristo de plata. Siento una satisfacción enorme, dice, “porque fuimos compañeros, mire que si no es por todo lo que se está dando ahorita no íbamos a saber cuánto tiempo iba a estar acá como NN”.

Una vez el cuerpo está extendido en una mesa, la antropóloga forense asegura que, siendo niño, Lucas se fracturó el codo izquierdo. Los huesos siempre hablan: sobre el cráneo encuentran marcas verdes, unos puntitos esmeralda asidos a los huesos que, para un desprevenido, podrían ser hongos. Ella asegura que es óxido de metralla. El equipo forense embala el cuerpo, lo rotula y en unos días será enviado al Instituto Nacional de Medicina Legal para que le tomen muestras de ADN.

Foto: Comunicaciones UBPD

“Mire que si no es por todo lo que se está dando ahorita no íbamos a saber cuánto tiempo iba a estar acá como NN”.

Ausencias, memorias y compromisos

A Ovidio Antonio Mesa todos le llaman Anderson, excepto los funcionarios. Dice sentir tristeza y nostalgia al recordar a los compañeros que perdió en la guerra. “Muchos murieron muy jóvenes. Es más, nosotros decíamos, en tiempos de la guerra, que el futuro nuestro era vivir cinco o diez años más. Muchos pensábamos que no llegaríamos a los treinta años. Muchos hicimos un pacto de que si llegábamos a cumplir 50 años en la guerra, festejábamos”. Firmó el Acuerdo de Paz, cumplió los cincuenta años sin el miedo del enfrentamiento. Sobrevivió. Y fueron pocos. 

“Sabemos que en las selvas hay muchos cadáveres. Sabrá uno los sitios, pero no exactos. Es una vaina muy verraca que causa nostalgia y tristeza, pero, a su vez, crea un ánimo para que los familiares vuelvan a encontrar a sus seres queridos”, dice. Y lo tiene presente. Si encontramos a todos los compañeros, agrega él, descansamos nosotros y descansan sus familias.

A Gloria Emilce Padierna todos le dicen Otilia. Hoy es una líder de la Corporación Reencuentros. Antes fue conocida como Comisión de Búsqueda Farc. Están apoyando a la Unidad de Búsqueda en estos encuentros con firmantes de paz. “Las dificultades son muchas. Muchos compañeros no se conocen por su nombre propio, no conocemos tampoco su familia. Son cosas que se van dificultando para la búsqueda, porque si encontramos el cuerpo, no encontramos a la familia y si encontramos a la familia, no encontramos el cuerpo”. Reencuentros ha permitido construir confianza entre los investigadores de la Unidad de Búsqueda y los firmantes de paz. 

Omar Restrepo es senador. En la reunión todos le dicen Olmedo, su nombre en la guerra. “Esto busca dignificar a nuestros compañeros que murieron en el marco del conflicto, que no se les considere como cosas, como un objeto, sino como seres humanos, como personas con derechos que fueron muertos en condiciones totalmente violentas y que no han tenido la posibilidad de que se les haga el duelo y se les dignifique como personas con un nombre, un rostro, una historia, unas circunstancias, una familia y unos amigos. Eso para nosotros es bastante dignificante”, dice. 

Foto: Comunicaciones UBPD

Acuerdan reunirse de nuevo. Los firmantes se llevan para el ETCR La Plancha una copia del álbum de la memoria, así como la Corporación Reencuentros y los investigadores de la Unidad de Búsqueda. Tendrán tiempo. La memoria también es esquiva. Las respuestas, en ocasiones, emergen en momentos distintos a la urgencia. Se olvidarán algunos días de estas fotos y estos datos. Recordarán de nuevo un detalle en una conversación, en un momento de silencio, en un instante en el que cantarán una canción. 

Aunque este no es un manual para inventar un hombre o una mujer, sí es un manual para dibujar de nuevo la vida, para aclarar la imagen opaca, para darle nombre a quienes antes llamaron Juliana, Braulio, José, Hernando, Yony, Rosa y Lucas.

*Los nombres fueron cambiados por seguridad.

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