Durante siete intensas jornadas de trabajo interdisciplinario, el equipo forense e investigativo del Satélite Bolívar y la territorial Atlántico de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) intervino el cementerio municipal de Luruaco, en el Atlático. Un relato de tenacidad, trabajo en equipo y rigor técnico para superar el calor, los retos del terreno y las barreras de seguridad en favor de las familias de la región.
El calor del Caribe no solo se siente en la piel, también se respira en la tierra seca que guarda historias suspendidas en el tiempo. Hasta el cementerio municipal de Luruaco llegó un equipo interdisciplinario de la Unidad de Búsqueda integrado por una antropóloga forense, un topógrafo, un criminalista y una investigadora humanitaria para adelantar labores de prospección e intervención forense en el marco del Plan Regional de Búsqueda Canal del Dique y Norte de Bolívar.
Cada misión humanitaria es un camino trazado con minuciosidad, empatía y respeto. En Luruaco, la labor no consistía simplemente en excavar o inspeccionar bóvedas; significaba adentrarse en un escenario complejo donde el paso de los años, las dinámicas territoriales del conflicto armado y los cambios en el propio cementerio hacen que la búsqueda sea una tarea paciente y delicada.

Un terreno que pone a prueba la persistencia
Buscar a quienes nos faltan es una tarea que exige adaptabilidad y resistencia frente a múltiples imprevistos. Desde la llegada misma del equipo, la realidad del territorio planteó importantes desafíos operacionales. Debido a situaciones de seguridad territorial vinculadas a la presencia de grupos armados en la zona y al control en las vías de acceso, fue necesario reorganizar la dirección técnica a última hora, reasignando el liderazgo a la antropóloga, que viajó desde la sede de la UBPD en Sucre para ponerse al frente de la misión en campo.
Una vez en el cementerio, el equipo se encontró con un entorno físico de gran exigencia. Años de abandono y cambios en el lugar hicieron que sitios de interés estuvieran sepultados bajo gruesas capas de maleza, basuras y toneladas de escombros de concreto por estructuras colapsadas. Asimismo, en uno de los puntos asignados para la búsqueda, la comunidad había construido recientemente una nueva bóveda que no existía en las inspecciones previas, lo que hizo necesario coordinar con las autoridades locales su demolición previa antes de poder tocar la tierra.
A esto se sumó el intenso esfuerzo biomecánico del personal en terreno, largas jornadas de trabajo físico continuo bajo el calor del sol caribeño, levantando cargas pesadas y operando con herramientas manuales en medio del riesgo de encontrarse con fauna silvestre, como serpientes o arañas ocultas entre la vegetación densa y los bloques de cemento.

La batalla constante contra el agua que brota de la tierra
De todos los desafíos en Luruaco, el más persistente fue el reto hídrico. Apenas los equipos trazaron las primeras trincheras y profundizaban solo unos centímetros en el terreno, el agua subterránea comenzaba a brotar con fuerza, amenazando con inundar los pozos de búsqueda y borrar las marcas naturales que guían a los expertos.
Sacar el agua acumulada para continuar la inspección se convirtió en una verdadera prueba de resistencia logística. Una primera motobomba traída desde la sede regional falló tras solo tres ciclos de bombeo sin posibilidad de arreglo en el lugar. Un segundo equipo de reemplazo enviado al sitio tampoco logró evacuar el gran volumen de agua que surgía sin descanso del subsuelo.
Lejos de rendirse, la tenacidad del equipo y la articulación institucional marcaron la diferencia. Tras gestiones directas con la Alcaldía Municipal de Luruaco, se logró la obtención de una motobomba sumergible adecuada. Con ella se realizaron múltiples ciclos de bombeo diario que permitieron secar las áreas inundadas y profundizar de manera segura con herramientas de sondeo hasta más de 1,80 metros de profundidad.

Solidaridad comunitaria y cuidado del territorio
La búsqueda humanitaria jamás se hace en solitario. Desde el primer día, la labor de la UBPD en Luruaco estuvo acompañada por el diálogo constante con las autoridades locales, el hospital del municipio y representantes de la comunidad, entre ellos el colectivo de la Ruta del Cimarronaje, quienes abrieron las puertas del territorio y acompañaron el desarrollo del trabajo.
El mandato humanitario también nos enseña a cuidar los lugares que acogen a nuestros seres queridos. Por eso, al terminar las extensas jornadas de excavación y análisis, el equipo dedicó sus últimos esfuerzos a dejar el cementerio en condiciones dignas: rellenar y emparejar la tierra movida, recoger los escombros y devolverle el orden al camposanto para la tranquilidad de toda la comunidad.
La búsqueda no se detiene
Cada metro excavado, cada trinchera drenada y cada dato verificado en el terreno aporta una pieza fundamental a la ruta de la búsqueda. Aunque la geografía y el terreno impongan barreras de alta complejidad, la determinación de la Unidad de Búsqueda permanece intacta.

Detrás de cada jornada en Luruaco está el compromiso firme e indeclinable con las familias que buscan a sus seres queridos, quienes pertenecieron a grupos o fueron reclutados en el marco del conflicto armado. La búsqueda continúa, alimentándose del aprendizaje en campo y del esfuerzo de mujeres y hombres que entregan su conocimiento y su corazón para traer luz donde durante años solo hubo incertidumbre.