Sobre la Plaza de Bolívar, en Bogotá, aún flota un humo invisible. No es el vestigio de los tanques y las explosiones, sino el de las preguntas que todavía no se disipan. Cada noviembre, Colombia regresa a un Palacio de Justicia en llamas y a las historias que el fuego no pudo borrar. Allí las familias siguen buscando lo que el tiempo no ha querido devolver. Cuarenta años después de la toma y la retoma del 6 y 7 de noviembre de 1985, el país conmemora esos hechos a través de eventos de memoria, piezas audiovisuales y con un museo que abre sus puertas este 2025. Y lo hace, sobre todo, con el pedido más persistente de esta historia: la búsqueda que no se detiene.
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Giovanna Soto tenía nueve años cuando la ausencia de la llamada de su mamá se volvió un dato más certero que cualquier titular. Nury de Piñeres de Soto trabajaba en el cuarto piso del Palacio de Justicia, era auxiliar del magistrado Dante Fiorillo Porras. En la casa, aquellas horas se hicieron largas. En la radio alguien dijo, como lo explica ella: «Huele a carne quemada»; y su padre, en la sala, lloró sin poder explicarle lo que pasaba. Al tercer día le contaron que Nury había muerto. La familia, entonces, hizo lo que correspondía: reconoció un cuerpo, viajó a Barranquilla —como era el deseo de su madre—, la inhumaron en una ceremonia e intentaron cerrar este difícil episodio de sus vidas.
Treinta años después, en 2016, la Fiscalía General de la Nación les llamó para hacer una exhumación. Había que confirmar la identidad del cuerpo. El procedimiento revivió el tormento. Las estructuras óseas de su madre no arrojaron ADN concluyente. A Giovanna le entregaron una respuesta «no genética», apoyada en las condiciones del entierro de 1985 y en informes disciplinares. Ella volvió a leer, a preguntar, a escuchar a su tío: «A mi me dijeron que era ella». El duelo reabierto le dejó un rol que ya había empezado a asumir sin nombrarlo: el de mujer buscadora.
Ese tránsito —del dolor íntimo a la búsqueda pública— no es excepcional. Es una ruta que han seguido otras familias, con tiempos distintos, con estrategias distintas, con acompañamientos y desconfianzas. A esa constelación pertenece el universo que hoy la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) ha consolidado para el caso: trece personas que continúan desaparecidas en el marco de la toma y la retoma, ocho solicitudes activas de búsqueda, conversaciones periódicas con quienes pueden aportar información y con quienes cargan, hace décadas, el peso de una ausencia.
En ese listado hay nombres que el país aprendió a decir en plural: trabajadores y trabajadoras de la cafetería del Palacio, militantes, servidores judiciales, visitantes, ciudadanos y ciudadanas que estaban allí por trámites o por oficio. En todos, el mismo vacío: ¿qué pasó?, ¿dónde están?

Lina Pinzón, investigadora humanitaria del equipo de la UBPD en Bogotá, acompaña el proceso de Búsqueda de las personas desaparecidas en la toma y retoma del Palacio de Justicia: «Detrás de cada búsqueda hay una familia, un proyecto de vida que se interrumpió», dice. En este año, la Unidad de Búsqueda ha sostenido líneas de trabajo con la Fiscalía General de la Nación y con el Instituto Nacional de Medicina Legal para los casos asociados al Palacio; ha generado rutas de participación para que las familias conozcan de la investigación y reciban información oportuna. También ha identificado y activado nuevos aportantes de información, algunos renuentes por años y otros dispuestos a hablar solo bajo reserva.
A la fecha se han realizado dos entregas dignas: la de Luis Edilberto Cuervo Torres, un visitante habitual y devoto que ingresaba a hacer mandados y a predicar la Biblia. Su identificación llegó por cruce genético entre el banco de perfiles familiares y los cuerpos asociados al caso. Su familia, que no se reconocía como víctima del Palacio, encontró por fin una respuesta y un lugar para el duelo. Por otro lado, está la de Guillermo Elvencio Ruiz Torres, militante del M-19 cuyo cuerpo había sido recuperado en 1997 en el Cementerio del Sur de Bogotá y fue identificado por el trabajo articulado de Fiscalía y Medicina Legal. La Unidad de Búsqueda acompañó a la familia en el impulso a la identificación y la entrega digna, que se hizo de manera confidencial en abril de este año.
Actualmente se prepara la verificación antropológica y toma de muestras de 49 cuerpos resguardados en un cementerio de Cundinamarca, bajo compulsa de copias de la Fiscalía. «Las familias, entretanto, siguen su propia agenda. Unas participan en organizaciones como el MOVICE, Hasta Encontrarlos, FASOL, CAJAR, DH Colombia y otras que han decidido no vincularse a ninguna organización. Con todas, la UBPD intenta sostener un ritmo que no imponga; propicia reuniones colectivas para rendir cuentas de lo hecho», explica Pinzón.
Durante el 2017 y el 2022, las muestras de perfiles genéticos del señor Cuervo Torres fueron incluidas en las bases respectivas.
La @FiscaliaCol tomó las muestras biológicas a los familiares para poder cotejarlas con las que reposaban en @MedLegalColombi. pic.twitter.com/TNXeWwu9G6— Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas (@UBPDcolombia) March 19, 2024
Video: familiar de Luis Edilberto Cuervo Torres – UBPD
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La conmemoración de los 40 años tiene su propia cartografía por la iniciativa de varias organizaciones y familiares de este hecho. El 6 de noviembre, la inauguración del Museo de la Memoria del Palacio de Justicia abrirá una pantalla donde se proyectarán productos pedagógicos de la UBPD; el 6 y el 7, un video mapping devolverá la fachada al relato público; además, habrá una velatón y se exhibirá la obra de teatro ‘El Palacio arde’, para recorrer la memoria desde otro lenguaje.
También, durante el 6 y 7, la organización Hasta Encontrarlos proyecta un ciclo de conversaciones sobre ‘Los otros desaparecidos en el Palacio de Justicia’ en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, en el centro de Bogotá. Por su parte, la Fundación Carlos H. Urán tendrá varios eventos entre el 6 y 18 de noviembre que incluyen un foro el día 6 en el Gimnasio Moderno, un performance artístico el día 7 en la Plaza de Bolívar y un concierto el día 8 en la Universidad Nacional. A partir del 10 de noviembre, la exposición ‘El camino de la búsqueda’, de la UBPD, ocupará las instalaciones del Palacio de Justicia, y el 14 del mismo mes se llevará a cabo un conversatorio para contar el proceso de búsqueda.
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En ese cruce de memorias, Giovanna ha ido encontrando su voz. Su tono es firme, pero sin gritar. Directo, pero sin herir. Habla de Nury como de una mujer trabajadora, empática, que llamaba cada tarde a preguntar por la tarea. Dice que se convirtió en buscadora cuando entendió que el entierro de 1985 había sido un aparente cierre. Recuerda la primera vez que se puso la pañoleta naranja, acompañada por familias de la cafetería. Reconoce que, en este camino, «se aprende de derecho, de medicina, de archivos, pero también de paciencia». El país, dice, «necesita que alguien diga la verdad, que se rompan los pactos de silencio, que nadie vuelva a atravesar un fuego cruzado en nombre de la seguridad o de la revolución».

El país llegará a la Plaza de Bolívar el 6 de noviembre con las imágenes que se proyectan en la fachada. La memoria colectiva se escuchará la enumeración de nombres y se encenderán velas. Quienes no habían nacido mirarán por primera vez, sin la distancia, la reconstrucción de un fragmento de memoria que es un bien común que señala una herida y, a la vez, una forma de cuidado.
Giovanna conserva una tarjeta de navidad que su mamá le escribió en 1983. La lee algunas noches. En esas líneas hay instrucciones simples: estudiar, ser buena persona, no olvidar a la familia. Cuarenta años después, la carta sigue cumpliendo su oficio. A veces la memoria es eso: un papel que no se quema, un nombre que se pronuncia, una puerta que se abre para volver a preguntar.
La Unidad de Búsqueda invita a la ciudadanía a acompañar los actos de conmemoración por los 40 años de la toma y retoma del Palacio de Justicia, a visitar estos espacios de memoria y a seguir haciendo parte de la búsqueda.